sábado, 23 de septiembre de 2017

Chi

El trayecto fue mucho más corto de lo que esperábamos, al salir del túnel grieta simplemente dieron la vuelta al mismo edificio del barrio Nueva York, e ingresaron por la puerta principal. ¿Acaso se transportaban a otra dimensión nuevamente a través de un portal similar que no conocíamos? No, la respuesta era mucho más simple, debíamos haberlo supuesto cuando descubrimos que el Galpón de industrias Vaco en la apertura del túnel se encontraba en el futuro, aunque en el mismo lugar físico. El galpón desde el que ya en más de alguna oportunidad se había comunicado Onon, aparentemente sin relevancia para las distorsiones, era en realidad la base de operaciones desde donde se organizaba la conspiración de Calia.
Aunque no por la misma razón para los togas y para mí, ambos nos quedamos observando desde cierta distancia. Habíamos dejado de dar seguimiento a Albers, como si nos hubiésemos rendido en su búsqueda pese a haber encontrado su ubicación. Los togas se agruparon, desde el principio no planeaban ingresar y actuar por fuerza, aunque a mi parecer las apuestas en ese momento eran bastante altas; el destino del mundo recaía sobre lo que sucediera en ese galpón oculto.
Para mí se trataba de otra cosa, realmente deseaba entrar en ese galpón, no precisamente para liberar a Albers y finalizar el conflicto, más bien se trataba de curiosidad. En ese momento lo que más quería era saber qué planeaba Calia, quería saber qué tanto era posible hacer con estos poderes. Lo que me detenía no era lo que fuere a suceder allí dentro, ya me consideraba omnipotente, no tenía qué temer. Lo que me preocupaba era que el acceso al edificio se encontraba en un lugar al que yo no podía llegar, más allá del portal de vuelta a la tierra, es decir, si intentaba entrar, acabaría volviendo a mi dimensión.
Los togas se replegaban y yo me quedaba en medio de la nada, entre mí mismo y un enemigo mitad invisible, mitad imaginario. Antes de intentar algo debía evaluar las posibilidades, qué sucedería si no hacía nada; en el peor de los casos Calia encontraría la forma de replicar el experimento de Albers. Si eso sucedía tendría un rival al detener el tiempo, pero no mucho más, una vez detenido el tiempo, el desenlace de cualquier confrontación quedaría determinado por recursos físicos. Otra posibilidad era que alguien aparte de mí viajara en el tiempo. Esta posibilidad abría finales impredecibles. Aún no sabía de qué dependía que Albers lo lograra, pero de ser así podría borrar todo lo que había vivido en Ra’lla, despertaría de pronto nuevamente en mi aburrida vida en la tierra. Ahora bien, en el caso de que Calia lograse viajar en el tiempo, no había forma de adivinar, pero no podía ser bueno para nadie.
Tenía que intentarlo. Me apresuré hacia la entrada, sin embargo lo temido sucedió, a lo lejos pude divisar el tumulto opaco, la penosa prisa santiaguina me llenó de rabia instantáneamente.
-¡No!
No pude evitar gritar en voz alta, pero nadie me escuchó, mientras mi cabeza se acaloraba y mis pulmones se vaciaban, el tiempo estaba detenido, detenido en Ra’lla y en la Tierra, sólo ese breve momento. No era la sensación de relatividad en un momento crítico, de alguna forma mi disgusto había servido para detener el tiempo. Eso era, quizás si detenía el tiempo podía evitar el portal, había que intentarlo. Retrocedí un poco y comencé a concentrarme, nuevamente me costaba trabajo, más que en los campos de Coralis. Mientras lo intentaba, el tiempo se detuvo sólo unos segundos. El fenómeno me desconcertó. No podía ser Calia, no podía haberlo logrado tan rápido, tenía que ser Albers. Entonces lo entendí, cuando detuve el tiempo antes brevemente, Albers tuvo que haberlo sentido, ésta era su respuesta. Quizás trataba de decirme algo, al menos sabía que seguía vivo.
Por más que lo intentaba, no me era posible, sentía que me acercaba, y no acababa de lograrlo. Varios minutos y tantos intentos fueron necesarios para resignarme, pero me negaba a aceptarlo, apenas un rato antes lo había logrado en los campos de Coralis, por qué entonces no podía. Decidí volver a los campos de Coralis, quizás era el lugar, tal vez podría practicar. Traté de pasar lo más sigilosamente posible al túnel, pero ya sabía que los togas lo vigilaban, sería imposible mientras no pudiera detener el tiempo, más bien era un jugueteo, me sentía en una misión secreta, como un niño de 10 años jugando a los comandos; una parte de mí lo disfrutaba y otra me reprochaba la falta de madurez. Quizás eso fue un error, en ese momento sólo Chiro me observaba, el resto de los togas probablemente se encontraban reunidos en el parque forestal discutiendo su próximo movimiento.

Al detenerme sobre el paraje pude sentirlo, la dificultad radicaba en el escenario. Para detener el tiempo necesitaba sentir el lugar, imaginarlo y ser uno con él. Lo intenté, rápidamente detuve el tiempo, tenía que practicar un par de veces más, era cuestión de acostumbrarme a la sensación. En la tercera oportunidad descubrí a Chiro, como por arte de magia había aparecido a pocos pasos de mí, se encontraba ahí parado, se dirigía en dirección a mí, su semblante tranquilo, sus pies apenas separados del suelo -algo inusual ya que parecía caminar a paso normal-. Me paré tras de él antes de volver a echar a andar el tiempo. Sólo un momento pareció sorprendido, inmediatamente desapareció hacia el cielo, así era como lo hacía, simplemente saltaba con la agilidad que lo caracterizaba. En lo que me tomaba volver a detener el tiempo, pude contemplarlo cuatro metros por sobre mí, observaba hacia abajo, sólo me situé unos pasos de vuelta para dejarlo caer frente a mí.
-Parece que todos los ikghurianos me quieren cazar acá.
Se quedó mudo, sabía a lo que me refería, él había ayudado a Zóhoro a llevarme ahí antes. Sin saberlo, en parte era culpable de su muerte.
-Qué quieres, Chiro.
-Eres el único dispuesto a ir.
Un hombre de pocas palabras, sabía que no me iba a decir nada más, estaba hecho, aunque era el único que me intimidaba en todo el asunto, ya no me importaba tanto tenerlo de mi lado o no, de todas formas no era rival para mis poderes, por otra parte, esos pocos intentos me habían dado la confianza que necesitaba, estaba seguro de que podía detener el tiempo en el barrio Nueva York. Le expliqué mi predicamento, de manera que accedió a esperar a comprobar que me fuera posible entrar. Seguía siempre tan compuesto, casi como si tuviera otro plan o varios, en cualquier caso, no llegaría a saberlo.
Miré a mi alrededor, ciertamente la arquitectura del lugar era un nivel de dificultad mayor a los campos de Coralis. Pero podía hacerlo, podía sentirlo, la gente, los edificios, sólo tenía que imaginarlo y concentrarme. Detuve el tiempo antes de que Santiago apareciera en el trasfondo y caminé lentamente, a pesar de avanzar, la imagen se mantenía, funcionaba. Pensé en entrar, pero me devolví para acordarlo con Chiro.
Mientras hablábamos, el tiempo se detuvo varias veces por pocos segundos, Albers. Trataba de decirme algo, se encontraba prisionero aún, por eso la duración de las detenciones, quizás intentaba advertirme de una trampa, quizás intentaba decirme que me apresurara. Segú Chiro, él se demoraría aproximadamente tres segundos en cubrir los doscientos metros que nos separaban del acceso y entrar en él. No estaba seguro de cuánto me demoraba en detener el tiempo, por lo que le indiqué que entrara en cuanto me viese desaparecer. Tenía que apurarme de todas formas, no podía detener el tiempo sostenidamente o mataría a Albers, y si es que había alguna trampa esperándome, él era el único que podría advertirme.
Al ingresar al edificio me encontré con muchos más guardias de los que me esperaba, todos clones, aunque ya no eran sólo el mismo tipo de antes, habían tres tipos distintos, los otros dos eran más bajos y delgados que el primero, uno especialmente delgado. Algunos de ellos relajados, otros preparados, como si esperaran que alguien entrara. Se encontraban repartidos en una amplia recepción de estilo antiguo sin muebles de ningún tiempo. A ambos lados de las paredes de mármol al igual que en la pared del fondo colgaban enormes cuadros con espectaculares ciudades impresionistas. No podía reconocer ninguna de las tres, aunque el de la izquierda me recordaba un famoso cuadro de la catedral del Salvador de Zaragoza junto al río nocturno y el del fondo parecía ser una ciudad europea medieval enclaustrada en medio de un valle con sus muros exteriores intactos, aunque algo de ella parecía poco natural, como civilizada. En cuanto al de la derecha, desde la vista de una persona promedio se alzaba una imponente edificación que pretendía tocar las estrellas, mucho más allá de una amplia cúpula dorada se erguían torcidos unos tentáculos de pálido celeste, como arbotantes huachos de una catedral invisible que se sostienen a la vez que se pisan unos a otros intentando alcanzar los cielos. En ambas esquinas escaleras cubiertas de alfombra púrpura, por la izquierda la escalera subía y por la derecha bajaba, al centro, justo bajo la pintura, una rudimentaria puerta antigua que muy mal encajaba con el resto de la ambientación.
No podía volver a echar a andar el tiempo inmediatamente, estos tipos estaban preparados para defender el lugar, tenía que encontrar dónde detenerme, esperaba que Albers pudiera aguantar, ya iba cerca de un minuto. Me detuve osadamente sobre el primer peldaño de la escalera que subía, tras uno de los matones, pero antes de volver al tiempo, me preparé mentalmente, tenía que volver a detenerlo rápido, de lo contrario me descubrirían. Sin embargo no fue necesario, en pocos segundos Chiro no sólo entraba por la puerta, además destruía las copiáceas sin dificultad alguna, sus movimientos eran más rápidos de lo que mis ojos podían entender. Me hice una nota mental, si alguna vez tenía que enfrentarme con él, podía tenerle miedo, era detener el tiempo primero o nada, no había forma de ganarle si tenía el más mínimo espacio para moverse, uno de los dos debía morir rápidamente, como un fugaz duelo de sables en el Japón imperial.
-Vamos.
No había rastro de duda o preocupación, su actitud comenzaba a irritarme. Quién se creía, actuaba como si yo lo siguiera a él, ¿acaso no se daba cuenta de que no lo necesitaba en absoluto? Era yo quien le permitía, por caridad, acompañarme. Fácilmente podía terminar con todo el asunto inmediatamente, simplemente no lo hacía para preservar la vida de Albers, se trataba de un acto altruista.
Chiro pasó tranquilamente a mi lado y comenzó a subir las escaleras. Me quedé pensando un momento, algo de la recepción me parecía extraño, pero no lograba señalarlo con certeza. No me dio tiempo de darle muchas vueltas, a los pocos segundos Chiro ya estaba desarmando un grupo de copiáceas más arriba, aunque esta vez se escuchaban choques de metal.
-¿¡Katanas!? Andan con katanas. ¿Por qué andan con katanas? Eso no tiene sentido.
Chiro no se inmutaba. Pero yo ya entendía qué era lo que no me cuadraba; demasiada parafernalia de ciencia ficción. Por qué llenarían un edificio con guardias armados con rifles y katanas. Por qué el arma de elección estaba diferenciado según sujeto, noté que las katanas sólo las llevaban unos tipos delgados y pequeños en comparación al grandulón. Además, este último sólo portaba los bates calientes, los rifles estaban reservados para el tercero, de estatura y contextura promedio. Al final de la escalera una bifurcación en T con una puerta en frente nuestro.
-Tres a la izquierda y tres a la derecha, ninguno detrás de la puerta.
Chiro entendió inmediatamente que había usado mis poderes para registrar rápidamente el lugar y sin problemas se encargó de los seis sujetos.
-¿A dónde vamos ahora?
-Espera. Estamos buscando un secuestrado. Tendría más sentido ir al subterráneo, ¿no?
-Quizás.
Nos devolvimos, pisando entre la carne mustia de las copiáceas marchitas en la entrada, Chiro decidió abrir casualmente la puerta del fondo, se detuvo en el umbral y lo acompañé a echar un vistazo. Una enorme sala de techo alto se extendía delante, oscura y desordenada. A la derecha varias filas de archivadores y la izquierda calderas y grandes tuberías, algunas de ellas descubiertas y otras con gruesos revestimientos. Nada de interés allí, sin embargo era evidente por las dimensiones, que esta sala ocupaba prácticamente la totalidad de la planta baja.
Continuamos descendiendo, en la base de las escaleras no pudimos creerlo, un real tumulto de copiáceas llenaba un ancho pasillo, serían unas trescientas fácilmente. Difícilmente Chiro iba a poder con todo eso, iba a tener que hacerlo yo, pero no iba a ser fácil de todas formas, ya que no podía detener el tiempo por mucho rato. Tenía que tomar un rifle y dispararles con el tiempo detenido, probablemente estos rifles podían matar a varias de una vez, pero aún así iba a tomar su tiempo, además, por la misma razón no había garantía de que hubiese copiáceas con rifles entre el tumulto.
-Échate para atrás.
-Qué.

No lo repitió, simplemente me empujó hacia las escaleras, desde ahí no pude ver lo que ocurrió en el pasillo, sólo lo vi desaparecer moviéndose hacia ellos. Un segundo después una masa de cuerpos volaba a toda velocidad frente a mí, los escuché chocar contra la pared del fondo bastante más allá. Eso no era “agilidad sobrehumana”, Chiro tenía algo secreto. Al pararme nuevamente en el pasillo, sólo me miró serio y levantó su dedo sobre los labios, probablemente nadie o muy pocos lo habían visto hacer algo así; asentí mecánicamente. 

sábado, 8 de julio de 2017

Iragok

Romug observa el horizonte rojizo, sereno. Observa desde el futuro, sin embargo lo que observa no es el pasado, él no cuenta con esa facultad, es más bien un estado de calma interior lo que le permite comunicarse con el cosmos. Romug no tiene un poder especial que le permita conocer el pasado, cualquiera podría acceder al mismo conocimiento que él, cualquiera que se hubiese visto forzado por las circunstancias, tal como él. Mientras observa el horizonte nota una perturbación en la historia, una perturbación que proviene desde el pasado, no está en sus sentidos, no está en su percepción, es una noción, una cognición, casi como una conclusión inexorable a la que ha llegado a través de la reflexión contemplativa en su eterna meditación.
Junto a él Yureni se hace acreedor de la misma información, Yureni sí puede sentirlo, su capacidad para manipular el espacio temporal se lo permite. Lo siente en su cuello y en la parte superior de sus brazos; la historia está cambiando. Recién entonces Yureni pierde su vista en el mismo horizonte que contempla su compañero.
-Es difícil de explicar, pero…
Yureni observa a Romug, él no le da una señal, él permanece siempre sereno, es más bien ella misma quien se da cuenta de la futilidad de sus palabras.
-Ya lo sabes, ¿verdad?
-Sí. La historia está cambiando.
-Así es, está ocurriendo hace unos cinco años, en la época de la que viene Roberto. El presente y el pasado están conectados, por eso, aunque los cambios ocurren hace cinco años, podemos sentir el momento en el que nuestro presente cambia.
Romug no sabía esto, aun así permanece sereno. Yureni sólo puede preguntarse si es que él sabía esto o no. De todas formas algo en la calma del hombre bulto resulta contagioso, Yureni pronto estima que la misma pregunta es irrelevante.
-Es un cambio menor, no es el evento que ocasionó la colisión de segmentos de Ra’lla en en este lugar y tiempo. ¿Qué crees?
-¿Te has preguntado por qué estás aquí, Yureni?
-¿A qué te refieres?
-Si algún día los problemas de Ra’lla se solucionan, en el curso de las cosas. Yo desapareceré. Yo no soy un problema en Ra’lla, técnicamente. Si entiendes lo que quiero decir. Yo estoy aquí hoy, soy joven trescientos años después de mi nacimiento, es por eso que no existo en la época de la catástrofe espacio-temporal; antes-durante la catástrofe, yo vivía tan tranquilamente como ahora en este bosque. Pero tú Yureni, ¿qué haces aquí?
-Entiendo lo que quieres decir. Y puedo sentirlo también, cada vez que toco el tiempo en este lugar, es cierto. Todas las cosas y todos los tiempos que yacen aquí, incluso los cadáveres de Roberto y el otro sujeto, todo está relacionado, todo está unido por un argumento temporal. Pero no es mi caso, yo no estoy aquí producto de las circunstancias, más bien todo lo contrario; yo estoy aquí como reacción a las circunstancias. Yo misma me traje a este lugar, y es por lo mismo que no formo parte de la época de la catástrofe, aunque sí existo en ella.
-En algo te equivocas, que estés acá no es coincidencia. Tienes un rol qué jugar en todo esto, algo te une a este tiempo así como tú unes este tiempo con algo.

Tras ellos se aproximan Iragok, Iragok, Iragok e Iragok; vienen desde otra dimensión, todos lucen idénticos, salvo ciertas diferencias en su atuendo. Yureni observa confusa, casi asustada, hasta que uno de ellos explica.
-Hermana, no he encontrado una dimensión ideal. En mis viajes he llegado a aprender que incluso las realidades más utópicas están atravesadas por profundas conflictivas. Pero como ves, he—hemos descubierto algo. Desde distintas dimensiones podemos unir fuerzas.
-Hermano…
Ambos se abrazan, Yureni extiende su mano hacia los otros Iragoks, atribulada.
-En fin, sólo veníamos a darte la noticia, creo que grandes cosas nos esperan, la unión hace la fuerza. ¡Tú me decías eso cuando chico!
Ella permanece perpleja observando cómo un vestigio de luz es el único testigo de la desaparición de sus hermanos hacia otra dimensión. El último de ellos, vistiendo lanas coloridas, algo inusual para su hermano, se voltea antes de desvanecerse.
-Hermana, para todos nosotros eres tan hermana como la nuestra.

viernes, 7 de julio de 2017

Pre-detención

Nadie se movía, no se trataba de congelamiento, sino estupefacción. Diversos pensamientos se deshacían en el aire. “Fallamos”, “¿Qué pasó?”, “Un milagro”, “No hay que bajar la guardia”…
En medio de la conmoción Calia, liberada de las manos de Chiro, sonreía ante la visión de Albers y las copiáceas descansaban sus rifles como si su misión estuviese completa. Algo olía mal.
-Sithuria.
-Padre.
Tenía que ser una broma. ¿Calia estaba metida en todo esto como parte de una disputa familiar? Albers se acercó a ella tranquilamente.
-Ya veo. ¿Dónde estás ahora?
-¿Por qué, quieres venir a tomar té como un buen padre?
-Pendeja malcriada.
Calia no dejaba de sonreír. Qué quería decir la pregunta de Albers, ¿la Calia frente a nosotros era una copiácea? Pero ella había reaccionado ofendida cuando le pregunté si había usado copiáceas hacía tiempo. Instantáneamente noté lo estúpido de mi raciocinio, todo sobre ella eran mentiras; claramente era una copiácea, qué cobarde. La verdadera Calia dirigía la operación desde algún lugar remoto sin temer consecuencia alguna. No habíamos ganado nada, no tenía caso interrogarla, no tenía caso torturarla. Entonces Calia hizo un curioso gesto de desaprobación, levantando una mano en señal de desinterés.
-No importa, Padre, nosotros ya ganamos.
Los siguientes segundos, Albers detuvo el tiempo cuatro veces mientras observaba a Calia. Al detener el tiempo cada vez, permanecía con los pies fijos y observaba rápidamente alrededor. La cuarta vez que detuvo el tiempo, se desplazó un paso al costado antes de volver a echarlo a andar. En seguida dos disparos invisibles atravesaron la copiácea de Calia ante la impresión de todos los que observábamos, especialmente todos los demás, quienes sólo vieron a Albers evitar la muerte con un preciso desplazamiento instantáneo.
-Es típico en los hijos subestimar a sus padres, pero estaba bien al tanto de tus francotiradores.
Calia se rehusaba a borrar la sonrisa de su cara, aún mientras rápidamente el torso de su copiácea comenzaba a descomponerse.
-Supongamos que ese fuera el caso.
-Testaruda, de todas formas te encontraré.
-Más pronto de lo que piensas.
La descomposición del torso completo de Calia reveló un instrumento metálico, que, rajando su abrigo, saltó sobre Albers, inmovilizándolo sin darle tiempo de reaccionar. Inmediatamente los clones se movilizaron coordinados amenazando alrededor con los rifles y bates amarillos, tres de ellos sujetaron al científico y comenzaron a llevárselo. Pero  acaso Calia no contaba conmigo, yo también podía detener el tiempo tenía que poder, si para Albers resultaba tan fácil, yo tenía que ser capaz también. Me concentré y visualicé el campo, era más simple, la geografía monótona era fácil de imaginar. Y finalmente lo logré.
-Bien, Sáilinguer, pero estoy detenido acá, como probaste antes, mientras no pueda moverme, a menos que puedas quitarme este aparato en menos de un minuto, me ahogaré. Así que mejor deja que me lleven, si no quieres asesinarme. Pero está bien, me van a llevar a donde sea que tienen el orbe, eso es justo lo que necesito. Si quieres ayudar puedes seguirme sin que te descubran.
Y así, dejé que se lo llevaran. Pero al menos lo había logrado, había congelado el tempo. Nada podía detenerme ahora. Al menos nada que no saliera sorpresivamente desde dentro de una persona descompuesta.
Por otra parte, tenía algo más de qué preocuparme, los togas me veían como un enemigo ahora, o un infiltrado quizás. En todo caso no me importunaba demasiado, tomando control sobre este poder, poca relevancia tenía la opinión de los demás, incluso de los ikghurianos especiales.

Jarso me tomó de la muñeca. No era un gesto amenazante, me miró con seriedad. Tras él los togas esperaban a que hablara. Sólo Andrea y Chiro parecían molestos.
-En realidad es más simple de lo que parece. Los experimentos del sueño de Albers en realidad buscaban imbuír a una persona con poderes similares a los ikghurianos. Así gané una especie de capacidad de control temporal, que ni yo mismo acabo de entender, y tampoco sé bien cómo controlarla. Pero es sólo eso, no estoy metido con vaco, ni tampoco pedí esto.
-Te creo.
Andrea y Chiro no parecían tan convencidos.
-En todo caso ahora les sugiero que nos concentremos en Calia y Vaco. Vaco está tratando de replicar el experimento de Albers y, mientras creo que Albers no tiene malas intenciones, no puedo decir lo mismo de Vaco. Ahora que tienen a Albers es mucho más probable que lo logren.
-Bueno, tenemos un problema.
Jarso señaló a la entrada del túnel grieta, ante la misma dos matones con bates hirvientes amenazaban a cualquiera que planeara seguir a los demás. Probablemente se quedarían ahí hasta que sus copiáceas perecieran. Esto no era un problema, imagino la impresión de los togas al verme desaparecer de su lado y reaparecer entre dos copiáceas tiradas en el suelo con sus cabezas rostizadas y sosteniendo uno  de sus bates amarillos. Igual sorpresa me llevé yo al detener el tiempo y comprobar que Chiro ya se hallaba a mitad de camino entre nosotros y los sujetos, definitivamente había algo sobrenatural en su destreza física. No podía ser simplemente el sigilo que le permitía desplazarse sin que lo notáramos, pero tampoco podía llamársele súper-velocidad, era algo intermedio que lo hacía parecer moverse con la gracia de un felino.
-¡No me miren así! Prometo que es la primera vez que logro usar esto de detener el tiempo.
Se me vino a la mente llamar al efecto de sus miradas una “post-detención”, se trataba del tiempo que tardaban los asistentes en reincorporarse tras presenciar los efectos de alguien que es capaz de una cosa así. Una vez que volvieron en sí, y con el grupo dividido entre simpatía y sospecha, continuamos siguiendo a los sujetos cuidando que no nos viesen; por fin sabríamos dónde encontrar a Vaco.

sábado, 24 de junio de 2017

Punto de fusión

No alcancé a sentir las miradas inquisitorias sobre mí cuando comenzaron a emerger decenas de clones en traje negro desde el túnel grieta, todos cargados con rifles similares a los anteriores. Esta vez no se hicieron esperar para comenzar a disparar, pude ver la mirada burlona de Calia, su sonrisa parecía marcar un desinterés general, para ella no era más que un juego, y todos los involucrados éramos peones desechables.
Instintivamente varios togas tomaron los rifles de las copiáceas anteriores para contraatacar, pero era demasiado tarde, nuestros enemigos ya disparaban y en una fracción de segundo nuestro número se reduciría drásticamente. No había nada qué hacer, incluso con los poderes que creía tener, no podía reaccionar tan rápido. Cerré mis ojos, más para no ver, que para intentar algo, por mi mente pasaron los cuerpos de los togas atravesados por los disparos, su sangre tiñendo las hojas de coralis, los cuerpos inerte de Andrea, Jarso y Chiro, entonces sólo hubo silencio, un silencio antinatural. Abrí los ojos para presenciar la escena congelada. ¡Lo había logrado! Pude ver los proyectiles, ¿láseres?, no, eran una especie de líquido o vapor, varios de ellos a pocos centímetros de los togas detenidos. Andrea estaba tendida en el suelo, Jarso en una postura desafiante, y Chiro cinco metros sobre el suelo, como volando, un buen trecho más delante que los demás. Pensé en la cara que iba a poner Calia, mi poder era absoluto, con esta habilidad todo era posible, ¡era un poder realmente invencible! O al menos eso supuse, por un instante, aunque era difícil medir el tiempo cuando éste técnicamente no estaba transcurriendo.
-¿Qué tal?
El pánico me invadió efímero dando paso a la preocupación. Albers caminaba tranquilamente en mi tiempo detenido. Algo estaba mal, que Albers estuviera allí no encajaba de alguna forma, no se trataba del hecho de que fuera capaz de moverse en tales circunstancias, sino que estuviera allí en ese momento.
-Pareces confuso, pero sólo me miras a mí, o sea, lo que te confunde no es lo que está pasando, sino que yo esté aquí. En otras palabras, crees que esto es obra tuya.
No lo era, era él, él había detenido el tiempo. Continuaba moviéndose mientras hablaba, caminaba alrededor sin pisar dos veces el mismo lugar, algo en ello parecía cuidado, desde sus pasos hasta su respiración.
-Sé lo que parece todo esto, y sé que debes tener muchas preguntas, no tenemos tiempo, así que te lo puedo contar.
Había en sus palabras una calma inusual, ya no parecía un científico estresado por los resultados. En mis estudios sobre psicología había aprendido que las personalidades como la suya, las que buscan respuestas incansablemente, no cambian jamás, aunque encuentren respuestas, nunca dejan de buscar. No parecía ser el caso, Albers reaparecía con una profunda serenidad como quien ha descubierto todas las respuestas que buscaba en la vida. Mientras lo escuchaba comencé a sentirme mareado, la vista se me empezó a nublar. Entonces él hizo una pausa, se quedó quieto por primera vez y con un gesto me indicó acercarme a él.
-Primero tienes que entender las bases físicas de lo que está pasando. Si no hay tiempo, no hay muchas cosas, no hay momento, por ejemplo, no hay gravedad. Pero para que puedas experimentar estas cosas, significa que las leyes físicas siguen funcionando dentro de tu cuerpo, de lo contrario no nos sería posible caminar, al primer paso quedaríamos suspendidos en el aire.
-Tiene sentido, pero entonces, ¿cómo podemos respirar?
-Por eso es que tienes que caminar, el aire fuera de tu cuerpo no se mueve, tienes que moverte tú, de lo contrario estarás respirando el mismo dióxido de carbono.
Luego de caminar volví a sentirme bien, efectivamente era aire lo que me hacía falta. Junto con ello un sinfín de interrogantes cruzaron mi cabeza, ¿qué pasaría con los vacíos de aire que dejamos una vez que nos movemos mientras el tiempo está detenido? Al pensar en ello, por primera vez tuve una idea de lo que había sucedido aquella vez que viajé a la gran guerra, el más mínimo cambio mientras el tiempo estaba detenido, podía tener repercusiones catastróficas una vez que volviera a ponerse en marcha. Albers difirió.
-No te preocupes tanto, Sáilinguer, probablemente tendrás oportunidad de probar tú mismo qué pasa. Ahora concentrémonos en salvarles la vida a estos personajes, mientras te explico. Vamos a tener que moverlos a ellos, no toques los proyectiles, si son lo que creo, al tocarlos te vas a quemar feo.
Definitivamente algo sobre el viejo era diametralmente distinto, incluso tenía una sensación diferente, ya no me producía sospecha, más bien tenía un extraño sentimiento de armonía con él, como si lo conociese desde toda la vida.
-Verás, Sáilinguer, tengo claro que vienes de otra dimensión. Precisamente por eso tuve la esperanza de que el experimento funcionara contigo. La misma esperanza tenía con esta chica que está tirada ahí en el suelo. Honestamente hay muchas variables del experimento que me son desconocidas, como te imaginarás, esto no ha sido por el bien de la ciencia, no me interesa entender las bases, sólo quiero solucionar el problema. Todo comenzó hace unos trescientos años con las plantas de coralis.
A grandes rasgos, el viejo relataba la historia global de Ra’lla en los últimos tres centenarios, mencionó la aparición del coralis como una plaga mundial, luego la creación de los ikghurianos especiales y las copiáceas, señalando que estos dos últimos habían surgido gracias a ciertas propiedades especiales de las plantas de coralis. Mientras continuábamos moviendo a los togas, seguía explicándome.
-Ahora mismo estamos en Plurr, sólo a unos cuántos kilómetros de Ikghur. En ese lugar no hay plantas de coralis, allí los coralis se desarrollaron de forma distinta, probablemente como una mutación. He comprobado que las propiedades son las mismas, sin embargo en ese lugar los coralis crecen como árboles. La única diferencia, probablemente, entre éstos y las plantas de coralis, es que de alguna forma influenciaron la evolución artificial que dio paso a los ikghurianos especiales en ese lugar hace unos doscientos años. Seguramente por el intercambio de minerales con el lago, ya que las plantas de coralis desarrollan raíces sumamente profundas, y los árboles de coralis aún mucho más. Pero en fin…
-Albers, tú no te imaginas lo descabellado que es todo esto para mí. En mi dimensión no podemos empezar a imaginarnos cosas como las copiáceas o los ikghurianos, y ahora mismo, ¡tenemos detenido el tiempo!
-Precisamente, Sáilinguer, es a todo eso a lo que voy. Estas cosas no son naturales, pero finalmente quiénes somos nosotros para decidir eso. Lo que sí podemos decidir es que son malas.
Su tono se tornó serio al decir esto, hizo una pausa antes de continuar.
-Todos estos cambios, todos estos avances, todas estas cosas antinaturales, no han hecho más que traer desgracia al planeta. Vaco estaba pensado para ayudar a la humanidad, sabes, y hoy no es más que una sucia mafia. Las personas se matan y se odian, y aun cuando no se matan entre ellas, es la naturaleza la que nos extermina. Y todo esto comenzó por estas malditas plantas.
Su mirada perdida parecía evocar recuerdos de un pasado traumático, su voz se emocionó profundamente al enunciar esto, era más que una idea, era algo personal; casi como si toda la historia de la que hablaba la hubiese vivido él mismo. Pero no podía ser, él era humano, claramente, y relataba hechos aún anteriores a la aparición de los ikghurianos.
-¿¡Qué pasa!?
Albers se reincorporó tras mi exclamación. Una sensación de profunda incomodidad me había recorrido, por un instante me pareció que alrededor los colores se habían invertido.
-Disculpa, ese es el problema cuando se juega con las fuerzas de la naturaleza, todo se vuelve… inestable.
Había algo interesante en su elección de palabras. “Jugar” con las fuerzas de la naturaleza, es un término que usaría alguien en una posición de prepotencia narcisista, o por el contrario, alguien que critica dicha posición y no desea estar en ella. Definitivamente Albers no parecía del tipo narcisista. ¿Pero entonces qué quería? Cómo podía ser que alguien que profesa en contra de una idea así llegara a manipular algo tan fundamental como el tiempo.
-Eliminarlos de cuajo, literalmente de raíz. Si los coralis no hubiesen existido nunca, el mundo estaría mucho mejor. Eso es lo que estoy tratando de hacer, volver al pasado y dejar que la historia siga su curso natural. El problema es que obviamente no he podido. Por eso estoy aquí ahora, hay dos cosas de las que tengo que ocuparme. La primera es aprender la forma de hacer que esta manipulación me transporte en el tiempo. La segunda es recuperar un cierto objeto que ahora mismo está en el poder de Vaco.
Se trataba del aparato esférico que Calia se había llevado desde el laboratorio. En ese aparato se mezclaban los líquidos rosa y amarillo, el resultado, una especie de polvo anaranjado, era el compuesto con el que finalmente había podido darnos poderes a él y a mí. Me explicó que ese aparato, construido por él mismo, era necesario para mezclarlos debido a que ambos compuestos eran sumamente inestables, y que mezclarlos de cualquier otra forma era físicamente imposible.

-Bueno Sáilinguer, creo que ya te he dicho todo lo que sé. Tengo algunas teorías por probar para el viaje en el tiempo, pero ahora mi prioridad es recuperar, o al menos destruir el orbe de fusión.
-Espera, pero, ¿cómo sabes que puedes confiar en mí? Diciéndome todo esto.
-Más que si es que puedo o no confiar en ti, eres el único que puede hacer esto además de mí. Así que necesito saber si eres un enemigo o no.
En realidad me parecía sensato, incluso demasiado bueno. Me llamó la atención la idea de jugar con las fuerzas de la naturaleza. Era como ser Dios, ¿acaso no se daba cuenta de que estaba haciendo eso? Quería cambiar la historia, pensaba que eso era lo natural, pero eso era precisamente lo más antinatural de todo. Lo pensé, quizás yo no era tan buena persona como él, quizás él se merecía este poder y yo no, o quizás simplemente era hipócrita. ¿Cómo podía pensar en cambiar la historia sólo por el bien del planeta? No tenía sentido, no era una cuestión de inconsecuencia, era una cuestión de psicología.
-No, no soy enemigo.
No técnicamente, me consideraba más un observador, un científico de la conducta. Un dios artificial juzgando a otro dios artificial. No era su enemigo aún, quizás en el momento del juicio. Eso estaba por verse.

lunes, 29 de mayo de 2017

Vaco

Mientras parecía que la discusión iba a volver a estallar, alguien se aproximaba sin que lo notáramos. Su voz familiar era lo último que queríamos escuchar en ese momento.
-¿Por qué no le preguntan a Roberto? Ah Robertito, veo que te guardas bien tus secretos, ¿no?
Al verla todos los togas se prepararon, como si fueran a comenzar una batalla, afortunadamente nadie prestó mucha atención a sus palabras, aunque supuse que iba a tener que dar explicaciones luego, Andrea me observó de reojo, con sospecha, sin dejar de concentrarse en ella. Jarso se dispuso en frente.
-Calia. Tienes el descaro de venir aquí…
-¡Suficiente! Me van a dar al viejo.
Calia tenía algún truco bajo la manga, no iba a aparecerse sola frente a los togas. Andrea también lo sabía, era la única que miraba a todos lados buscando algo. Temí que en realidad viniera sola confiando en haber obtenido los mismos poderes que los experimentos de Albers me daban en los sueños, si era así bien poco podíamos hacer contra ella, si acaso era capaz de controlarlos mejor que yo, todo estaba perdido de antemano. Sabía que tenía que empezar a concentrarme para usarlos primero, mientras los togas la mantenían ocupada.
-Calia, por qué. Tú debes estar al tanto de lo que le ha costado Vaco al mundo, no puedo creer que trabajes para ellos.
-Já. Jarso, monito, por favor. Yo no trabajo para Vaco. Yo soy Vaco.
-Qué—
Durante un momento el grupo se quedó en un tenso silencio. La mirada de Calia se posó entonces sobre Andrea que seguía buscando, cada vez más preocupada. Comenzó a caminar hacia ella, pero Jarso la detuvo.
-Creo que será mejor que te vayas.
Los togas permanecían en sus posiciones, sus músculos más tensos cada segundo. Calia simplemente movió su dedo en señal de negación, se encontraban a pocos centímetros, a esas alturas varios togas se preguntaban de dónde provenía su prepotente confianza. Hasta que desde el túnel tras de ella comenzaron a salir uno tras otro los sujetos de negro que la acompañaban. Dos decenas de ellos, todos idénticos, la mitad cargando las mismas varas amarillas que el tipo en la zapatería, la otra mitad sostenía una especia de rifle metálico en el que se podían observar dos compartimientos de vidrio en la parte superior, con líquido rosado y amarillo respectivamente. Sistemáticamente fueron intercalándose en una única línea tras Calia, y entonces apuntaron sus armas hacia nosotros. Advertí a los togas sobre las lumas calientes, pero también me preocupaban esos extraños rifles.
Andrea había dejado de registrar el lugar en silencio y estaba completamente enfocada en Calia y su grupo de matones. Jarso aún intentaba dialogar con Calia, sin embargo ella insistía en su interés por Albers, obstinada en que nosotros conocíamos su paradero. Amanísara había adoptado su forma espectral, el resto de los togas se preparaban para pelear en distintas posiciones; Chiro se había agachado, como preparándose para una carrera.
Ignoraba cuántos de los togas eran ikghurianos, suponía que sólo un par aparte de Chiro y Amanísara, por su estatura. Aunque Chiro era de estatura promedio, por lo que quizás más de ellos lo eran. De todas formas no sabía con qué medios contábamos para defendernos, la situación no parecía estar a nuestro favor. Preferí no actuar de inmediato, ya que si hacía cualquier cosa, probablemente lastimaría a todos allí. Finalmente fue Calia quien inició el enfrentamiento, interrumpiendo a Jarso, que aún intentaba obtener alguna explicación de su parte.
-Bueno, no importa, igual tengo que deshacerme de todos ustedes.
Diciendo esto se agachó e hizo un gesto a los sujetos parados tras de ella, que comenzaron a disparar.
-¡HACIA LOS LADOS DE ELLOS!
Mientras que Amanísara se dirigía hacia los sujetos y Chiro desaparecía como por arte de magia, sin ningún espacio para escondernos, no nos quedó más opción que seguir la instrucción de Andrea. En apenas unos segundos nos encontrábamos a ambos extremos de la línea que habían formado, y los sujetos habían dejado de disparar. No había visto ni escuchado ningún proyectil de sus armas, pese a ello tres togas habían quedado tendidos en el suelo manchados de sangre y varios otros se quejaban en alaridos. Amanísara trataba de acercarse al grupo, amenazante, sin embargo su forma espectral parecía no protegerla del calor de las varas amarillas que algunos sujetos movían hacia ella.
Algunas de las plantas de coralis alrededor de nuestros atacantes se remecían y explotaban, afectando su capacidad de apuntarnos, aunque sin causar mayor daño. En realidad el único que resultaba útil era Chiro, que de alguna forma se encontraba en el centro del grupo de sujetos y con gráciles movimientos los incapacitaba uno por uno. Los demás nos encontrábamos completamente inútiles. Chiro ya había echado tres al suelo cuando lo notaron dando saltos de uno a otro, apenas se concentraron en él, el resto de los togas se dispusieron a atacar. Rápidamente los habían reducido a todos, resultando sólo uno de nuestro grupo alcanzado por un batazo que le dejó una fea quemadura en el hombro.
Chiro sostenía a Calia, que con expresión molesta parecía resignarse mientras Jarso se acercaba. Mientras tanto Andrea examinaba un rifle.
-¿Por qué decidiste que nos moviéramos hacia los costados?
-Por la línea que formaron intercalados, no es una posición normal si vas a disparar. Si formaron una sola línea significa que estos rifles tienen un rebufo trasero, similar al de algunas bazucas. Si te fijaste, cuando estuvimos a sus lados dejaron de disparar. Mira, el rifle tiene dos salidas, sospecho que ambas tienen similar potencia.

Mientras algunos togas ayudaban a los heridos a incorporarse, otros ya habían constatado las bajas, tres de los nuestros habían fallecido, los proyectiles invisibles los habían perforado de un lado al otro. Andrea se reunió con Jarso para interrogar a Calia.
-20 copiáceas de una misma persona. Creí que el máximo eran tres.
-Podemos hacer mucho más que eso.
Algo de satisfacción en su voz me produjo una profunda frustración, la habíamos atrapado y podíamos interrogarla, aparentemente tenía un cargo importante en Vaco, es decir, milagrosamente el objetivo de los Togas había avanzado muchísimo, aún así no se sentía como una victoria. Andrea estaba impresionada por la cantidad de copiáceas, hacer tan solo una era inmensamente costoso, no sólo en términos de recursos, sino que también en términos físicos para la persona de la que provenía esa copiácea. La tecnología que Vaco había usado para hacer tantas copiáceas de una persona, definitivamente estaba muy lejos de lo que se había puesto a acceso del público.
-Pero eso da igual. ¿Has visto lo que pasa alrededor tuyo? No puedo ser la única que ve algo maravilloso en las distorsiones espacio temporales. Albers tiene la clave para controlarlas y nuestro Robertito aquí es la prueba.
-Cuál es tu posición en Vaco.
Calia continuaba su monólogo sin prestar atención, y Jarso seguía intentando cuestionarla. Yo estaba helado, simplemente tratando de hacer como si no supera de qué hablaba.
-Albers estaba haciendo pruebas con nuestra materia prima. Albers y nosotros sabemos que los extractos de coralis tienen propiedades impresionantes, el problema es cómo aprovecharlos.  Finalmente Albers con su experimento logró enviar a Roberto a través del tiempo, y nosotros seguíamos de cerca el uso de los fluidos, supusimos que la clave estaba en la proporción que usaba, sin embargo ¡no da resultado!
Me costaba esconder la impresión, Andrea se volvió sobre mí.
-Roberto, de qué está hablando.
Me sentía pálido, noté que no estaba haciendo un buen trabajo en pasar desapercibido.
-Robertín les ha mentido desde hace rato. Sabe mucho más sobre las distorsiones y Ra’lla que todos ustedes juntos. Pero no te preocupes Robertín, no vas a tener tiempo para dar explicaciones de cualquier modo.

(un regalito para los lectores)

Ra’lla, año 2231.
-Hemos estudiado el efecto que las plantas de Coralis tienen sobre nuestro sistema solar. Hoy en día entendemos que, debido a las emisiones de plasma de estas plantas, descubiertas por primera vez hace unos 900 años, el cielo en el planeta se tornó rosáceo, siendo previamente azul, hoy sólo podemos imaginarnos este fenómeno. En general las emisiones plasmáticas se disipan hacia el universo sin un perjuicio real, sin embargo al estabilizarse en temperaturas sobre los 2000°C, se considera que estas emisiones aumentan progresivamente el tamaño de nuestro sol. A su vez el sol pierde masa constantemente por su propia cuenta, pese a ello el efecto de la capa exterior de materia de coralis junto con el aumento de masa podrían ocasionar que la temperatura solar y su masa hicieran insostenible la vida en nuestro planeta. De todas formas no deben preocuparse por esto, niños, se estima que eso no ocurrirá sino hasta al menos dentro de 12’000 años. Ahora, para la próxima clase quiero que estudien el primer capítulo de la cuarta sesión en sus libros de historia.
-Tía, ¿esa es la Gran Guerra?
-Sí Marink, vamos a comenzar la Gran Guerra la próxima semana.
-¡¡Por fin!!
-Los quiero concentrados, recuerden que la Gran Guerra duró casi 500 años, así que tenemos harta materia qué cubrir.



***

Todavía no sé si eso va a ir al final del libro, así que por lo pronto es un regalito para los lectores que siguen las publicaciones en tiempo real

martes, 23 de mayo de 2017

La pauta que conecta

Nos pusimos en marcha hacia el laboratorio, tenía muchas ansias por ver qué descubriría Andrea ahí, si había algo qué encontrar, ella definitivamente lo encontraría. Y quizás con eso podría deducir por mi cuenta qué es lo que Calia, o Vaco, esperaban de los experimentos de Albers. Quizás podría incluso darme alguna luz sobre los efectos en mí mismo y qué era realmente lo que podía hacer con ellos.
Cuando nos aproximábamos a entrar en el túnel, Fattus salió a encontrarnos conmocionado, en su rostro se mezclaban la frustración con el miedo.
-¡¿Qué pasó?!
-La nueva apertura, Sokario…
Dio un par de pasos torpes hasta desmoronarse entre las plantas, su vista perdida descansaba en la vegetación sin enfocar, como ofuscado por el recuerdo reciente de algo terrible. Corrimos a asistirlo, su cara estaba manchada con una heterogénea salpicadura de algo rojo, ¿sangre? Pese a ello al ver su rostro de cerca se nos hizo evidente que ni la sangre, ni la probable fractura en una de sus piernas lo habían abatido, era la desesperanza, en cambio, lo que no le permitía las fuerzas para levantarse. Fue así que descendimos junto a él intentando transmitirle calma.
-Sokario está- está muerto.
Pausadamente Fattus nos ilustró un paisaje lúgubre, un campo de batalla sombrío con límites difusos y estallidos ensordecedores que impedían orientarse. Yo sabía exactamente de qué se trataba, yo había estado allí en un sueño. Fattus y Sokario había salido de la nueva apertura en el túnel para encontrarse en medio de una confrontación de la Gran Guerra, toda la descripción coincidía con a que yo había visitado.
-Un grupo de militares comenzó a disparar, así que corrimos, había varias personas más… No sabíamos hacia dónde íbamos, sólo tratamos de mantenernos juntos, queríamos volver al túnel… Estábamos desorientados. Vimos una muralla gruesa caída y quisimos usarla de parapeto, corrimos hacia ella, pero sólo yo pude llegar.
Nos observó adivinando nuestros pensamientos.
-No, no fueron disparos… Mientras corríamos, él sólo… él…
La voz se le entrecortaba, le resultaba difícil continuar, en su expresión se mezclaban el terror y el asco.
-Se desintegró.
Las pocas fuerzas que el desgaste emocional e permitían le fueron suficientes para descargar la ira y el llanto contra las plantas que alcanzaban sus manos. Andrea lo interrumpió esperanzada, sin embargo yo ya tenía una idea de lo que estaba relatando Fattus, un círculo invisible de destrucción, el cual no afectaba a ikghurianos, sin embargo obliteraba a los humanos que caían en él.
-¡Pero entonces puede que siga con vida!
Fattus se apresuró a corregirla, señalando las manchas en su tez.
-No.
Nuevamente adivinó nuestras conclusiones.
-No, no es su sangre, todo desapareció, incluso su sangre… él había comido unas bayas que recogió cerca de la casa de Auron. Todo fue muy rápido, pero pude verlo claramente…
Entonces volvió a sumirse en la imagen que invadía su mente y la desesperanza se apoderó de él. Nos miramos brevemente con Andrea, antes que todo había que informar al resto de los Togas. No fue fácil ayudarlo a incorporarse, se encontraba profundamente conmocionado por la sanguinaria visión, finalmente a tropezones logramos llevarlo hasta la cabaña de Auron. Tenía la musculatura en una de sus piernas completamente desgarrada y un esguince mayor en la otra, al examinarlo Andrea señaló sorprendida que era impresionante que hubiéramos podido levarlo hasta ahí en tales condiciones.
-Cómo sabes tanto, estudias…?
-Soy médico.
-¿Cómo? Creí que dijiste que tenías 23.
-Sí, soy la médico más joven que se ha graduado de la Universidad Católica en las últimas dos décadas.
Estaba francamente sorprendido, pero tenía sentido, era posible esperar algo así.
-¡Obvio que no pos Robertín!
Se rió mientras me daba una palmada en el brazo. Su mano permaneció sobre mi antebrazo incómodamente mientras terminaba de explicar.
-Ni siquiera estudio una carrera médica, já. Pero digamos que tengo algo de experiencia en el ámbito… En fin, ayúdame a parcharlo. Fattus, me temo que vas a tener que reposar por lo menos un mes para que esto sane bien. De todas formas no te preocupes, debes estar pensando en lo que le pasó a tu padre, pero lo más probable es que puedas volver a caminar.
Su rostro se iluminó ligeramente, sin embargo continuaba visiblemente afectado por lo sucedido en la apertura del túnel.


---

Jarso se paseaba inquieto de un lado a otro. Los togas lo observaban atentos, algunos de ellos sentados entre las plantas y otros de pie. Tras de él se encontraba Andrea con aspecto sombrío, no había dicho nada hasta el momento. Chiro fue quien rompió el silencio.
-Simplemente no veo el sentido en que nos expongamos. No hay motivo para explorar esa salida, ya sabemos que es peligrosa y punto.
Amanísara parecía especialmente intranquila. Se dirigió a Jarso alzando levemente la voz.
-Tengo una sensación de que hay algo importante allí, de todas formas déjame ir sólo a mí, es lo más seguro, mientras esté en forma de espectro estaré a salvo de cualquier otra cosa.
-Es muy peligroso…
Jarso parecía discutir consigo mismo, entonces Andrea finalmente se puso de pie.
-Lo único que sabemos es que hay un campo de batalla. Aparentemente ahí hay ikghurianos, por lo tanto tiene que ser una apertura en Ra’lla, pero no es en la actualidad, Fattus mencionó soldados, y sabemos que en la actualidad no existen guerras tomando lugar en el mundo, más allá de los enfrentamientos con mafias en oriente. Es sensato suponer que se trata de un enfrentamiento entre humanos e Ikghurianos, eso nos permite suponer una fecha aproximada…
-¡La gran guerra!
Varios togas se sobresaltaron a coro.
-Sí. A menos que se trate de una apertura en el futuro, pero lo más probable es que esta apertura esté en la gran guerra. He estado estudiando algunos registros históricos, en la historia de Ra’lla sólo se habla de una guerra, la Gran Guerra. Esto no parece peculiar aquí, sin embargo de donde vengo sabemos que las guerras no son algo excepcional, más bien se deben hacer grandes esfuerzos por evitarlas, ya que están en la naturaleza del ser humano. ¿Por qué aquí son algo escaso?
Algunos togas respondieron señalando que las personas desean vivir en paz, y que la base de las sociedades se opone a los enfrentamientos entre humanos. Andrea continuó sin refutar ni acreditar dichas intervenciones.
-En realidad la respuesta a esa pregunta no es relevante. Me gustaría saberlo, algo en la sociedad de Ra’lla es fundamentalmente distinto a la sociedad terrícola y conocer esa diferencia sería sumamente interesante para saber por qué en mi mundo somos tan propensos a las disputas. Sin embargo para entender la historia de Ra’lla, hay que preguntarse algo distinto: Qué pudo causar una guerra en una humanidad que no es propensa a los enfrentamientos.
Los togas se quedaron inmóviles un momento, no se miraron unos a otros ni intentaron responder, por un instante lo único presenta fue una incómoda tensión que los atravesada a todos por igual; era un tema sensible y Andrea lo sabía. Pese a ello la intención de Andrea no era discutir sobre quién había empezado, en ese momento ni siquiera pensaba en aquello, de manera que no estuvo consciente de lo que su pregunta había ocasionado en la audiencia hasta que comenzó a explicar su razonamiento.
-Sabemos que el enfrentamiento no fue entre humanos, sino entre estos e ikghurianos…
Los labios de los togas estaban sellados, en los pocos ikghurianos que había entre ellos se mezclaban sentimientos de vergüenza y enfado. La calma de Chiro, excepcionalmente, se rompió.
-¡Yo lo sé del propio Zóhoro! Él estaba ahí cuando ocurrió, los ikghurianos no hicimos nada, ¡de pronto los humanos comenzaron a exterminarnos sin motivo alguno!
Jarso intentó interceder para aclarar la situación.
-Andrea creo que… Chicos, conozco a Andrea y estoy seguro de que no tiene la intención de señalar a nadie.
-¡No no no! No es eso, no es hacia donde quiero ir…
Se defendió evidentemente ruborizada, me enterneció verla, atesoré el momento, ya que sería el único momento de debilidad que podría ver en ella jamás. Una debilidad inexplotable, sólo podía avergonzarse al notar que su propio raciocinio exhibía una falla, un fenómeno sumamente escaso. De inmediato se compuso y explicó sus hallazgos.
-Perdón, no era mi intención abrir ese debate. Quiero decir, más allá de por qué inició la guerra específicamente, reconozcamos que hubo un enfrentamiento entre una raza antigua y una nueva.  No quiero cuestionar el derecho a habitar el mundo ni nada por el estilo, más bien tomar en cuenta que la raza ikghuriana oficialmente comenzó a existir sólo dos años antes de que comenzara la guerra. Pero eso no fue lo único nuevo en Ra’lla en la época, apenas un centenario antes ocurrieron grandes cambios en el mundo, me refiero a la aparición del Coralis y las Crovs, además de la extinción de gran parte del reino animal y la importante merma en la población mundial. No quiero decir que pueda explicar la guerra en base a estos hechos, pero al menos creo que es sensato suponer que todos los sucesos de los que hablo están relacionados.
Continuó señalando la extensión de la historia de Ra’lla, indicando que pese a tener apenas 1500 años de historia, existía también una época prehistórica. Recurrió a la comparación entre la historia de la Tierra y la de Ra’lla para concluir que la prehistoria de Ra’lla abarcaba, al menos, varios milenios, en los que poco podía haber cambiado de la manera que lo había hecho en cuanto a los eventos que ella misma había señalado antes.
-En otras palabras, quiero decir que la humanidad y la historia de Ra’lla han sufrido cambios drásticos en un breve tiempo, es decir los últimos 350 años, y en mi apreciación ese tiempo aún no concluye. Quiero decir que los eventos que llevaron a Ra’lla a la gran guerra, aún se encuentran en desarrollo. Pero insisto en que esto no es lo relevante. Ahora quiero dirigir su atención hacia algunos factores claves. En primer lugar tenemos la aparición de estos nuevos elementos en el mundo: el Coralis, las crovs, y los ikghurianos. En segundo lugar se sabe que la lana de las crovs es una de las materias utilizadas en la producción de copiáceas. En tercer lugar encontré en la literatura de Ra’lla dos poemas que mencionan un “hermoso cielo azul”, el primero del año 700 y el segundo del año 1100. Y por último, hemos notado que el barrio Nueva York emite una tenue luminosidad similar a la que emiten las copiáceas y los ikghurianos.
Y ahí se quedó de pie esperando a ver las reacciones en los rostros de su público, sin embargo ningún toga movió un músculo, más bien parecían bastante complicados con la explicación. Yo mismo esperaba algo más concluyente, en realidad la explicación de Andrea no me daba luces de nada. Me pregunté por un momento si acaso había puesto demasiada confianza en ella, o incluso si acaso se encontraba delirando, pues varios de los puntos mencionados parecían inconexos. Entonces continuó con algo bastante inesperado, y pronto nos demostró a todos cuán ilusos habíamos sido.
-Bueno, quizás parece que mencioné un montón de cosas al azar, pero lo que quiero decir es que si se fijan, todas estas cosas están conectadas, de hecho hay muchas cosas más en este mundo que se conectan de esta forma, pero limitarme sólo a algunas más principales. En fin, si aún no queda claro cuál es la conexión, pongan atención a este detalle: sabemos que al menos cuatro de las aperturas del túnel grieta emiten destellos, incluyendo el barrio Nueva York, y sospecho de una quinta.
¿Cómo podría saberlo? La única forma de ver los destellos era de noche, y ningún toga usaba el túnel grieta de noche. Algunos de los togas comenzaron a mostrarse intranquilos, Amanísara expresó la inquietud de varios de ellos; Jarso más atrás se había vuelto sobre sí mismo, pensativo.
-Andrea expláyate por favor. Nada de esto tiene sentido, todavía no veo la relación entre ninguna de las cosas que dijiste. Además, ¿qué tienen que ver las copiáceas en todo esto?
Pero antes de que Andrea pudiere replicar, Jarso se reincorporó respondiendo en su lugar.
-Es aquí.
Las vistas se volvieron sobre él con intriga. ¿Qué podía ser allí? En los campos de coralis, donde no había nada. Pese a ello su comentario había hecho sonreír a Andrea, que asentía mientras escuchaba.
-Es aquí. Este lugar emite destellos. Ésta es una de las aperturas a las que te refieres. Otra es la gran guerra. Pero la cuarta no sé cuál es.
Aburrido de no entender, decidí integrarme.
-¿Podrían explicar para los demás?
-Creo que lo que Andrea trata de decir, es que todas las cosas que mencionó están conectadas por el túnel grieta, el túnel se abre en lugar que tienen directa relación con éstas cosas, tales como la Gran Guerra, el galpón de Vaco que es una empresa que produce mayoritariamente productos en base a coralis y lana de crovs, e incluso este mismo campo de coralis. Y pienso que este lugar emite destellos evidentemente porque está lleno de coralis, que se sabe que tienen ese efecto. Así mismo, me imagino que se refiere a la gran guerra porque allí hay gran cantidad de ikghurianos, que emiten ese destello.
-Excelente. Es justamente lo que quiero decir, todo lo que brilla está unido por la fisura, pero no quiero decir el túnel… prefiero hablar de la distorsión espacio temporal. Y la cuarta es el galpón de Vaco, ya que las materias que Vaco utiliza se extraen directamente de plantas de coralis y lana de crovs, los líquidos en esos tanques seguramente producen el mismo efecto.
-También mencionaste una quinta.
-Es un poco complejo de explicar…
Le bastó una mirada alrededor para ver que todos esperaban ansiosos. Momentáneamente habíamos dudado de sus capacidades deductivas y ella nos había tapado la boca, naturalmente luego de eso queríamos saber absolutamente todo lo que tenía para decir.
-Bueno. Sospecho de la apertura en las montañas.
-¿Las montañas? Pero allí no hay nada, no hay coralis, no hay ikghurianos, no hay crovs, no hay copiáceas… Sólo hay nieve.
-Rosada. No hay nada más que nieve rosada. Rosada como el cielo que es de ese color sólo después de la aparición del coralis. No cualquier montaña tiene nieve rosada, se estima que la nieve rosada se produce naturalmente sólo a altitudes sobre los doce mil metros, es decir, la apertura no está en cualquier montaña. Es más, sospecho que en esa nieve rosada está la clave para entender por qué el cielo es rosado. Pero por lo pronto, al menos se puede suponer que ese particular color está relacionado con las distorsiones espacio temporales, y por lo mismo no es de extrañarse que el cristal rosado haya caído tan cerca de una de las aperturas; aunque aún no tenemos idea de dónde vino ese cristal.