martes, 18 de abril de 2017

Reconocimiento

-Cuidado con separarse mucho, recuerden que no tenemos la ayuda de Onon acá.
Los grupos se esparcieron en dos sectores, el grupo de Andrea comenzó a recorrer el mismo barrio, en tanto el de Jarso se dirigió hacia noreste con la intención de explorar un extenso bosque que circundaba el cerro Santa Lucía en Ra’lla a la vez que subir a su cumbre para tener una mejor panorámica. En tanto comenzaban a investigar, recibieron la visita de Amanísara y Fattus.
Era siempre alucinante ver a Amanísara hacer uso de sus habilidades ikghurianas, su figura alargada se desdibujaba ligeramente y crecía aún más, a la vista parecía fluctuar entre estar y no estar ahí, sólo permanecía vívido su cabello, el cual se alborotaba ingrávido. Al acercarse y disminuir su velocidad, el espectro lentamente volvía a revelar su espléndida y delicada figura, y sobre sus intensos ojos verdes caía suavemente su melena café grisácea. Junto con ella se aproximaba Fattus en ligeros saltos, siempre cuidando disminuir muy lentamente su momento. Fattus era especialmente cuidadoso, su habilidad no era otra cosa que un excepcional control sobre su musculatura lisa, sin embargo ello también era su peor riesgo y lo sabía de muy cerca. Su padre, de quien había heredado la habilidad, se lo había advertido desde pequeño, el excesivo poder que podían ejercer sus músculos era demasiado para su cuerpo, las extremidades paralizadas de su padre no eran siquiera necesarias para creerlo, Fattus había sentido repetidas veces estar a punto de destrozar sus propios huesos ante súbitas alteraciones emocionales. Esto lo mantenía en un constante estado de alerta, nunca consideró su habilidad como algo positivo, sin embargo no había forma de escapar de ella, era mejor aprender a controlarla lo mejor posible, al menos le permitía desplazarse a grandes velocidades sin cansarse, siempre que tomara las precauciones necesarias.
-Ya hemos cubierto unos 5 kilómetros a la redonda y no hemos encontrado nada.
Sokario no había regresado con ellos porque era el único humano de los tres, él simplemente gozaba de un excelente estado físico y era capaz de correr una maratón sin mayor dificultad.
-¿Cuánto crees que pueden cubrir en las próximas dos horas?
-Unos 50 kilómetros, pero si nos concentramos en focos urbanos podríamos abarcar hasta 300 kilómetros.
-Ya. Que Sokario registre los bosques y los montes cercanos. Ustedes hagan eso.

En primera instancia, varios togas reportaron a Calia, que efectivamente el color del cielo les parecía ligeramente más azul que de costumbre. Para ella esto hacía inclinar inmediatamente las suposiciones hacia la idea de que se encontraban en una tercera dimensión paralela, y no en un tiempo o fenómeno distinto dentro de Ra’lla mismo.
En las afueras, Jarso recababa algunos datos similares. En primer lugar la temperatura era perceptiblemente más alta que en Ra’lla para la misma época del año, lo cual habían establecido por la posición del sol. Por otra parte encontraron una menor población de coralis que la existente en Ra’lla, y estos mismos eran de menor tamaño en este paralelo. A Andrea le pareció significativo el hecho de que allí también hubiesen coralis, más que el hecho de que fueran ligeramente distintos a los de Ra’lla. Con todos esos datos era sensato asumir que se encontraban en una dimensión distinta, aunque evidentemente más cercana a Ra’lla que a la Tierra.
Dentro del barrio, todo era igual que en el barrio Nueva York de Ra’lla, las únicas diferencias que pudieron encontrar fueron la falta de la Grieta en el callejón, y que el laboratorio oculto en la zapatería se encontraba completamente vacío. De todas formas estuvieron de acuerdo en que el simple hecho de existir ese laboratorio y el galpón de industrias Vaco eran coincidencias importantes. Aunque el galpón había quedado completamente destruido, por lo que no había forma de contrastarlo con industrias Vaco.
De todas formas, seguían sin ninguna hipótesis que pudiese explicar la carencia de seres humanos en ese lugar.

Todo parecía indicar que la apertura en ese lugar era azarosa y que no tenía mayor conexión con las distorsiones espaciales en Ra’lla, hasta que finalmente volvieron Amanísara, Fattus y Sokario, este último portando un objeto particularmente revelador.
En sus manos sudorosas cargaba un periódico en perfectas condiciones.
-Lo encontré en la cabaña de Auron, supuse que podía ser de utilidad. Por cierto, la cabaña estaba igual que como la dejamos, lo único que no había en ella era Auron. Pero incluso las piedras y los troncos que usamos afuera, estaban ahí.
Amanísara y Fattus no reportaron nada nuevo, confirmaron que el paisaje y las urbanizaciones cercanas coincidían a grandes rasgos con las de Ra’lla. De todas formas los ojos de Andrea brillaban ante el hallazgo de Sokario, adivinaba en éste las respuestas a preguntas que aún no había siquiera formulado.
-Perfecto. ¡Bien hecho! Vamos a volver a Ra’lla ahora a analizar los datos.
Jarso observaba alrededor supervisando que todos volvieran al túnel y registrando la posibilidad de haber obviado algún elemento crucial. Andrea entre tanto afirmaba el conjunto de papel como un objeto precioso, como si tuviera en sus manos un gran molusco extraído del fondo del océano y no queriendo arruinar el destino de la perla que esperaba hallar dentro de él, lo guardaba cuanto más le permitieren sus ansias.
Finalmente llegaron todos a los campos de coralis, donde un monumento improvisado con piedras blancas recordando el deceso de Zóhoro, servía también de punto de encuentro para los togas. Acordaron que la dimensión paralela era sorprendentemente coincidente con Ra’lla, algunos togas incluso se inclinaban a suponer que la apertura se encontraba en la misma dimensión, y que las pequeñas discrepancias debían tener otra explicación. Otros coincidían en que debía tratarse de una dimensión parasitaria de Ra’lla en la que no existían habitantes y sin embargo todo lo que ocurriese en Ra’lla repercutía sobre ésta. Mientras se discutía al respecto, Andrea examinaba el periódico, aunque apenas unos segundos le habían bastado para vivenciar la epifanía obvia: la apertura de túnel grieta tomaba lugar exactamente en la misma Ra’lla que ellos habitaban, sólo que algunos meses después.
- “Nuevas cartas entre Grupo Vaco y ERA salen a la luz” es el titular, la bajada agrega “Vaco desmiente cualquier conexión con los grupos extremistas.”, la fecha es del 31 de diciembre de 1541.

A los togas tampoco les hizo falta más que la breve lectura de Andrea, la coincidencia de nombres era demasiado grande. La apertura en Nueva York tomaba lugar en la misma dimensión, sólo algunos meses en el futuro, en 1542. Sin embargo, aún carecían de hipótesis que explicaran cómo el lugar había llegado a quedar despoblado, sólo tenían una fecha: víspera de año nuevo. Por otra parte se abría una nueva arista alarmante, al parecer en un futuro cercano se develaría una conexión entre industrias Vaco y grupos terroristas en Asia; al menos contaban con esta información anticipadamente, eso les permitiría alguna ventaja al actuar.

jueves, 13 de abril de 2017

Previos

Las conclusiones de Andrea no los acercaban demasiado a ninguna información que pudiera llamarse valiosa. En primer lugar, para que la explosión no causara un incendio, implicaba que se había debido a una reacción entre el líquido rosado y los líquidos de los estanques. Eso podía significar dos cosas, podía tratarse de una reacción química inusual entre ellos, aunque parecía más probable suponer que se había producido una reacción física al contacto de elementos calientes en contacto con el líquido a extremadamente baja temperatura, obteniendo una rápida evaporación de este último, lo cual habría aumentado la presión en el galpón haciéndolo estallar. En segundo lugar, resultaba evidente dado que el túnel los había llevado a un barrio Nueva York distinto del que conocían, que el flujo no viajaba únicamente en el espacio, sino que además viajaba en otras dimensiones de la realidad. Ahora bien, no tenían medios para adivinar si el túnel los transportaba a otra dimensión, a otro tiempo en la misma dimensión, ambos a la vez, o inclusive algún otro tipo de viaje que les resultara incomprensible.
No obstante, permanecían sin hipótesis que pudiesen explicar por qué el lugar al que habían llegado se encontraba completamente despoblado. Adicionalmente, las circunstancias abrían una nueva interrogante, de todos los lugares en los que podían salir del túnel grieta, ¿acaso no estaban todos ellos en distintos lugares de Ra’lla? Dado que industrias Vaco no lo estaba, ello significaba que bien las otras aperturas podían corresponder también a realidades paralelas a Ra’lla. En otras palabras, los togas hasta entonces habían creído que en las aperturas del túnel habían estado explorando lugares de su propio planeta, cuando, al parecer, habían estado apenas echando un vistazo a mundos paralelos en los que no tenían idea de qué otras cosas, fenómenos o criaturas podrían existir.
Finalmente, decidieron que la única forma de despejar las dudas y conocer, al menos en qué lugar se encontraban, era aventurarse a explorar las aperturas del túnel a la luz de la nueva información.

Se dedicaron a ello durante varios días. Mientras tanto yo permanecía recuperándome de mis quemaduras en una cabaña en la que residía uno de los togas, en un recoveco del parque forestal. Aprendí que solían congregarse en dicho lugar con tanta frecuencia como lo hacían en la grieta de Nueva York. Durante ese tiempo tampoco se vio a Albers ni Calia por ninguna parte, los togas posicionados en la vigilancia de Nueva York comentaron que sólo se había visto a Fisk atender la zapatería, Jarso había solicitado mantener observado el establecimiento, ya que intuía que Albers podía saber algo, o incluso estar involucrado en las distorsiones espacio temporales. Su suposición parecía confirmarse por la misteriosa desaparición del sujeto en cuanto se había dispuesto vigilancia sobre él.
En esos días lograron establecer algunas hipótesis bastante sólidas. Con ayuda de Onon, pudieron teorizar que el túnel se abría en dos tipos de lugares, los primeros coincidían con el espacio y tiempo de Ra’lla y otros coincidían a una dimensión distinta. Resulta que en algunas de las aperturas podían establecer contacto con Onon, mientras que en otras no, así establecieron que la apertura en barrio Nueva York, así como aquella que se encontraba en los campos de Coralis, correspondían al mismo espacio tiempo. Por su parte, el escondite en la grieta, el galpón de industrias vaco, y otras salidas en una montaña y un bosque, no se encontraban en Ra’lla, ya que desde dichos lugares no podían comunicarse con Onon.

-Ok, tenemos tres objetivos, vamos a proceder lo más rápido posible, recuerden que estamos en territorio presuntamente desconocido y nuestra única forma de volver a casa es el túnel grieta, así que vamos a terminar lo más rápido posible. No queremos arriesgarnos a ver lo que pasa si se cierra el túnel.
El grupo de togas sentados entre los coralis escuchaba a Jarso, Andrea se encontraba a su lado aún pensativa.
-Fattus, Amanísara y Sokario van a buscar rastros de vida. Ustedes son los más hábiles desplazándose grandes distancias, y probablemente eso será necesario si queremos encontrar a alguien. También estén atentos a cualquier señal que pudiera indicar que en alguna parte hubo vida inteligente hace poco tiempo. La idea es irnos todos juntos, así que para ahorrar tiempo pueden partir de inmediato.
Los tres se levantaron y se pusieron en marcha tranquilamente.
-Del resto, la mitad viene conmigo. Vamos a analizar las condiciones naturales del sector, el objetivo es encontrar claves que nos permitan determinar el grado de similitud entre ese lugar y nuestro mundo. Vamos a buscar principalmente diferencias, revisen todos los detalles naturales como características de la vegetación. Pero tengan en mente que debemos analizar todos los elementos naturales, por obvios que parezcan, así que pongan atención a las condiciones en general, temperatura, humedad, trayecto solar, etcétera.
-Pongan especial atención en el color del cielo, háganme saber si lo encuentran inusual.
Los togas observaron a Andrea intrigados, ella no fallaba en sorprenderlos con sus conclusiones a cada momento, por lo que esperaban una explicación fascinante.
-Quizás no es nada, pero de donde vengo yo, el cielo es azul. Yo no podría notar la diferencia entre dos morados distintos, pero ustedes deberían poder darse cuenta si es que el cielo en la salida del túnel es ligeramente distinto al de Ra’lla. En fin, la otra mitad viene conmigo. Vamos a hacer un reconocimiento intensivo del sector del barrio inmediato al galpón. La idea es examinar todos los aspectos sociales del lugar, también vamos a buscar diferencias, necesitamos comprobar diferencias en las costumbres de las personas que debieran habitar ese lugar. Quiero que los más habituados al barrio Nueva York vengan en este grupo, es importante encontrar todas las diferencias con este barrio, por pequeñas que sean, desde los materiales de las construcciones hasta los mismos establecimientos. Y dos cosas son especialmente primordiales, por una parte estén atentos a cualquier implemento que les resulte desconocido, por otra, si alguien encuentra un periódico o cualquier documento similar, repórtenlo con la mayor urgencia a mí o a Jarso. 

Y así fue como todos se pusieron en marcha a reconocer el nuevo mundo. De la forma más eficiente posible. 

domingo, 9 de abril de 2017

Nueva Nueva York

-Onon, Calia…
Entre ambas me recogían del suelo, ¿estaba en un hospital? No, estaba en industrias Vaco, a mi alrededor se erguían los estanques llenos de líquidos de colores, aunque desde la planta baja sólo parecían enormes barreras curvas de aluminio. Onon y Calia se encontraban desconcertadas, en realidad la expresión de desconcierto en Calia era una excelente visión que jamás creí que vería, aunque sólo duró unos segundos, su agilidad mental le permitiría articular varias explicaciones inmediatamente. Tan pronto como estuve de pie me invadió con preguntas, la primera de ellas me llamó especialmente la atención.
-¿Ustedes se conocen?
No. Jamás nos habíamos visto, pero de alguna forma sabía quién era Onon. Ella por su parte negó con un ademán seguro.
-¿Tú lo conoces?
Calia no estaba interesada en Onon, regresó si atención a mí.
-¿Estás bien? ¿No te pasó nada?
El tono de su pregunta había cambiado casi imperceptiblemente, en su mirada sentía la agudeza de un halcón posado sobre mí con su intención fija. Me registró fugazmente con la vista y volvió. Tomó un instante y esgrimió su siguiente frase con especial énfasis.
-Qué bueno que el cristal no te cayó encima.
Diciendo esto me observó con especial atención y pudo captar claramente mi sorpresa al escucharla. Cómo podía ella saber sobre el cristal. Sin saberlo había sido presa de una sesión de cuestionamiento, más aún, había dado toda la información que se me había pedido. Quizás estaba sobredimensionando, tal vez era coincidencia, pero en ese momento tuve la sensación de que había perdido una batalla importante, de que Calia era el enemigo y de una forma incomprensible para mí en ese momento, me había sacado la valiosa información que ahora le daría la ventaja.
-Onon asístelo para que le traten esas quemaduras. Yo voy a revisar que esté todo bien en el galpón.
Y así simplemente, Calia se perdió entre los toneles, mientras Onon me ayudaba a caminar hacia la salida, pude notar que las fuerzas me eran escasas y comencé a sentir el ardor en la piel, tenía varias zonas sensibles en los brazos y las piernas. Me quedó la sensación incómoda de que Calia se me había adelantado, como si corriéramos una carrera invisible en la que debía adivinar el camino y ella supiese exactamente por dónde moverse.

La medicina en Ra’lla era aún más primitiva de lo que había imaginado. Onon me acompañó hasta una tienda parecida a una farmacia antigua, en la parte trasera de la misma la señora que atendía con su delantal de colores me aplicó unos ungüentos en las quemaduras y me ofreció té de yerbas. De todas formas había que atribuir la situación a una falta cultural antes que tecnológica, la tecnología médica existía en Ra’lla, sin embargo el ciudadano promedio recurría a una curandera antes que un hospital. Realmente no tenía siquiera certeza de que existieran hospitales, en todo caso sí había tecnología, al menos superior a la que estaba presenciando en ese momento; la cuestión era si la misma estaba disponible al público o no.
Mientras tanto muchas cosas sucedían simultáneamente en Nueva York. En el laboratorio de Albers entraba Fisk saboreando el último bocado de su salchicha, la cual se le atascaba en la garganta y lo congelaba en su lugar al ver la cara de desaprobación del científico. Albers lo tomó con humor entendiendo que no tenía mucho caso a esas alturas y con una palmada lo animó a comenzar a preparar los instrumentos para el siguiente experimento. El gordo se dirigió a la sala de operaciones a disponer todos los instrumentos de medición en su lugar, mientras el flaco preparaba los equipos y conectaba las tuberías a la maquinaria. Encender, encender, encender, abrir, abrir, abrir, presionar algunos botones y girar unas cuantas perillas. Curioso, creyó haber abierto todos los flujos, pero no llegaban a los indicadores principales; algo habría pasado con las perillas. Cerrar, abrir, cerrar, abrir. Todavía no funcionaba.
-¡Fisk! Ven a ayudarme con esto. Las perillas no funcionan, hay que revisar el mecanismo.
Supuso que podrían haberse dañado con el incidente de distorsión temporal, o quizás las tuberías se habrían roto. No podía ser, estaba seguro de haber tenido flujo después de eso. Fisk ya se encontraba desmontando la primera perilla cuando sintió la mano ceñida sobre su hombro y observó la cara de espanto en su jefe.
-¡Cresta! Nos descubrieron.
Pocos segundos después Albers se había retirado del lugar con la firme intención de no volver. La única instrucción para Fisk era quedarse en el frente de la tienda y vender zapatos fingiendo no saber que tras la puerta se hallaba el laboratorio. Él no tenía problema, después de todo, había llegado a esa tienda a vender zapatos, un día Albers lo había puesto a operar equipos científicos en la trastienda, y él había obedecido sin preguntar; así mismo regresaba al mostrador desprovisto de otra preocupación más que la elección de su siguiente bocadillo.

Simultáneamente salían del túnel grieta varios togas seguidos por Andrea y Jarso en el galpón de Industrias Vaco, para su sorpresa se encontraba completamente destruido. Sin embargo lo que más extrañeza les causó no fue el estado de las instalaciones, sino la vista que el suceso les permitía, finalmente podían conocer la ubicación, y la misma resultó bastante evidente. La calle de adoquín tiznada por la explosión bajo los muros antiguos con sus enormes ladrillos de piedra, bastó un vistazo al callejón aledaño desde la salida del galpón para saber que se encontraban en el mismo barrio Nueva York por el que habían llegado.
Instintivamente corrieron hasta la salida para confirmar la confusa visión, en todas direcciones registraron las calles vacías y constataron que efectivamente se trataba del mismo barrio. En ese momento Jarso y Andrea, como compertiendo sus pensamientos, tuvieron la sensación de que algo no estaba bien, ambos se apresuraron hasta la grieta en el callejón, entonces compartieron nuevamente la inquietud por un momento: La grieta había desaparecido sin dejar huella. Tantearon el muro y buscaron cualquier vestigio, sin embargo era claro que en ese lugar jamás había existido la grieta. De inmediato corrieron de regreso a la salida en la fábrica temiendo lo peor, los pocos metros que los separaban de ese lugar se les hicieron eternos imaginándose que habían quedado aprisionados en una realidad alternativa de Ra’lla desprovista del resto de la humanidad. Sin embargo, nuevamente se sorprendieron al reconocer que el túnel permanecía en su lugar.
Junto a los togas que los acompañaban volvieron a través del túnel para analizar con calma la situación, temiendo que en cualquier momento la apertura podría volver a cerrarse y dejarlos extraviados en ese lugar. Sólo pudieron observar tres claves en el lugar. La primera era que el galpón había explotado, sin embargo no habían reconocido ninguna huella que permitiese suponer que algo allí se había incendiado. Segundo, el lugar se encontraba totalmente despoblado, no había ninguna multitud conmocionada en las calles ni cuerpos dejados tras el accidente. Y finalmente todos coincidieron en que algo del lugar les había parecido poco familiar, sin embargo nadie fue capaz de señalar concretamente a qué se debía. 

miércoles, 29 de marzo de 2017

Sueño 9

-¡Roberto!
-¡Onon! No te había reconocido.
-¿Cómo van las pruebas?
¿Las pruebas? Tengo cosas más importantes de qué preocuparme en este momento. Onon se ve sumamente relajada, sacando un paquete de galletas que tiene con un extremo amuñado en su mochila. Me sigue sorprendiendo verla volver a poner el paquete dentro, dejando a la vista nada más que una pulcritud aparentemente intacta. Incluso me dan ganas de pensar que es un ritual compulsivo, aunque más bien me da la impresión de tener un excelente sentido de sus propias necesidades biológicas. Las pruebas… Historia de la psicología, Ser humano como sistema biológico, Teoría de la comunicación, Estadística II, Investigación IV, las pruebas de fin de semestre.
-Todo tranquilo, se hace lo que se puede. ¿Cómo vas tú?
-Me tiene complicada la prueba de Estadística. Estoy segura de que me lo voy a echar.
Qué patrañas, Onon tiene el mejor promedio de la carrera, dice que nunca ha sido científica, aún así nos ayuda a estudiar estadística a los demás. Yo debería estar más preocupado. Hace semanas que no visito la tierra, ni siquiera estoy seguro de la materia que estamos viendo. He estado completamente absorto en Ra’lla, me pregunto si ha sido una mala decisión. Sin embargo los sucesos en ese mundo paralelo me dan un sentido, tengo un impacto y una función, y son importantes. En la tierra soy nadie, un estudiante más que discute las pruebas con Onon.
-¿Te había dicho que te pareces un montón a Miranda Cosgrove, la actriz?
-Como cuatro veces ya.
Suelto una carcajada, es verdad, siempre hago lo mismo.
-Pero no te conté que te puse en mi libro, ¿verdad?
-¿En serio? Creí que habías dejado de escribir, de dónde sacas tiempo.
-Así es, eres una agente encubierta para un grupo revolucionario.
Ella sonríe, obviamente se está imaginando a sí misma en Chile en la década del 80; a veces me pregunto si realmente puesta en ese lugar habría tenido las agallas de hacer todo lo que se le viene a la mente en estos momentos.
-¿Y a qué debo ese honor?
-A tu nombre nomás, me gusta tu nombre, le pega a la historia.
-Bueno, obligada a leerlo entonces. Me vas a tener que mostrar donde salgo. ¿Cómo está tu polola?
¿Mi polola? La imagen de Calia se me viene a la mente de inmediato, pero por qué. Primero Calia y ahora Onon. No puede ser coincidencia encontrar dos contrapartes en ambas dimensiones. Mi mente se detiene a divagar al respecto mientras su pregunta resuena en el fondo de mis pensamientos. ¿Estoy pololeando? De alguna forma no puedo dar con una respuesta, no puedo decir que mi polola está bien, no puedo decir que estoy soltero. Algo no cuadra, y pese a ello tengo una sensación de vacío patente que me sugiere que siempre he estado solo.

Me retiro pensativo. Casi había olvidado mi vida antes de Ra’lla. Dónde estoy o dónde tengo que estar. Cierro los ojos para concentrarme en el campo de flores, no sé dónde está ese campo de flores, pero cuando me imagino en él siento completa serenidad.
Al abrir los ojos estoy ahí, no siento haber viajado, no siento haber usado los poderes que los experimentos de Albers me han dado, aún así la sensación es vívida. El paisaje me parece extrañamente más familiar, me recuerda a los campos de Coralis, aunque las montañas en este paisaje son significativamente más modestas. Me concentro en la imagen de Calia, como una sensación de destino que nos une. Visualizo su figura y la hago presente en el paisaje, recuerdo haber visto esa figura en sueños de este lugar. Pero por qué; por qué ella. Apenas la conozco, ¿acaso tan fácilmente me despierta sentimientos…? No, no es eso, algo en ella me produce atracción, pero a la vez me infunde miedo y cuidado. Algo en su misterio me cautiva, a la vez que me hace estar alerta.
Finalmente despejo las emociones de mi mente y me dejo ser parte del escenario, mis pies son como estolones y se mezclan con las raíces de las flores. Estos campos permanecieron prístinos por centenarios, hasta que el hombre urdió el progreso más primitivo en ellos mutándolos con sus dedos ingenuos. Primero una pequeña porción de la vegetación sucumbió a la migración del bípedo manchándose de entrópicas rectas y curvas a las que pronto llamaron caminos. Poco después naves alienígenas se posaron súbitamente por aquí y por allá, eran las viviendas humanas construidas azarosamente en la medida que sus habitantes juzgaran adecuado. Las flores sobrevivientes, ya parceladas fueron arrancadas en porciones que les parecieron no obedecer a ley alguna, sin saber que dichas porciones habían sido designadas arbitrariamente por los mismos humanos, quienes se habían apropiado de sectores definidos a ser administrados equitativamente. Así fue como el paisaje rápidamente mutó del amarillo eterno al café de la tierra, aunque sólo brevemente, para recibir el verde de sus plantaciones, las cuales recibían a distintas épocas una pequeña variedad de colores que alegraban el entorno con su entusiasmo antes de ser cosechados para dar paso al siguiente ciclo. Un sector se tornaba rojo y otro dorado, algunos permanecían verdes todo el año.
El reinado humano duró varios centenarios también, hasta que la naturaleza violentamente volvió a reclamarlos para sí. En pocos años y como una pandemia que se expande heterogénea, pero sin piedad en absoluto, sus campos fueron arrebatados por el distintivo verde turquesa que hasta hoy perdura y que ahora siento como un recuerdo patente en mis venas.

-¿Me escuchas?
Una voz familiar me invitaba a incorporarme. Otra voz me interpeló desde lejos.
-¿¡ Roberto!?
Era la voz de Calia.

martes, 21 de marzo de 2017

La Inundación

En cuanto Jarso vio cómo las calles cerca del barrio Nueva York se inundaban, intuyó que algo andaba mal con el túnel grieta, supuso que podía estar conectado con la apertura en industrias Vaco, de inmediato se dispuso en dirección al túnel; pero rápidamente Andrea lo sostuvo señalándole los transeúntes que desesperados se subían a cuanto objeto encontraban.
-Cuidado, parece que es un tipo de ácido.
Jarso se inquietó.
-¿Crees que nos encontraron?
-Puede ser, hay que reunir al resto de los togas. Chiro está de guardia ahora, eso es bueno. Que Onon le de una señal para que nos encuentre en el parque forestal tan pronto como tenga toda la información que crea pertinente.

Varias horas más tarde Chiro aún no aparecía. A través de Onon habían confirmado que Chiro ya contaba con la información, pese a eso aún se encontraba haciendo guardia al túnel grieta, que se encontraba tranquilo y que no había sido capturado por nadie. Los poderes telepáticos de Onon sólo permitían la transmisión de ciertos estados generales, por lo que no podían saber más. Sin embargo Andrea tenía sus propias conclusiones.
-Vamos a dispersar la congregación ahora. Jarso me va a acompañar al túnel grieta. Sea lo que sea, no nos han descubierto.
-¿Cómo lo sabes?
-Sólo hay una razón por la que Chiro no dejaría de hacer guardia al túnel en estas circunstancias. Y es que el túnel todavía es nuestro, de lo contrario lo más sensato sería alejarse del lugar. En otras palabras Chiro se encuentra haciendo guardia como de costumbre, y eso significa que podemos acercarnos al túnel grieta en cuanto sea seguro.
Al volver, ya no había líquido por ninguna parte, no se había esparcido ni secado, había desaparecido. Chiro les explicó que el líquido helado había permanecido allí unos cuarenta minutos, y que luego comenzó a desvanecerse rápidamente, y que mientras eso ocurría, el aire se había enfriado también muchísimo, sin embargo había vuelto a la normalidad pocos minutos más tarde.
Desde la azotea de los edificios, Chiro, Jarso y Andrea observaban el barrio, pusieron especial atención en un grupo disperso de sujetos sospechosos que registraban las calles aledañas con especial esmero y hacían preguntas. Probablemente eran de Vaco y buscaban la fuente del líquido rosa, Chiro se sobresaltó cuando abordaron a Fisk, quien engullía una gorda salchicha con mostaza, Chiro sabía que era el único testigo del hecho, sin embargo, y extrañamente para ellos, a pesar de que su aspecto sugería una particular falta de agudeza, el gordo despistaba a sus interlocutores e inmediatamente ingresaba al laboratorio tres de sí, aún masticando su embutido. Al anochecer los sujetos ya habían desistido. Era una gran fortuna la extraña desaparición del líquido, eso había hecho que no pudieran rastrearlo, y en consecuencia no se habían percatado del túnel grieta. Chiro, por otra parte, había presenciado claramente cómo la fuente del suceso manaba desde la grieta.

Pero los togas se encontraban igual de desconcertados, recorrieron todas las aperturas del túnel grieta, y lo único que encontraron fue el cuerpo rígido de Zóhoro medio enterrado en el suelo a unos cien metros del túnel en los campos de Coralis. Parecía haber muerto tratando de cavar un hoyo, en su rostro aún se podía distinguir una severa determinación, la de alguien que hasta el último momento conserva su resolución. Su piel roja se había tornado negra, por lo que concluyeron que la inundación se había originado en ese lugar, y Zóhoro no había sido capaz de resguardarse antes de que la hipotermia lo detuviera. Dos elementos les llamaron especialmente la atención, el primero era que el prado no mostraba ninguna señal de haberse perturbado, se sabía que los Coralis aguantaban las heladas, sin embargo el frío al que habían sido expuestos tenía que ser varias veces más extremo que una simple helada. El segundo fue la rapidez con la que debía haberse producido el fenómeno, para que Zóhoro intentara enterrarse, significa que de un instante a otro se había visto rodeado por el aluvión, no viendo otra salida, también tenía que haber juzgado más rápido enterrarse que desplazarse cien metros hasta el túnel. Esto sólo les permitía concluir que el líquido había aparecido de la nada, tal como se había esfumado luego.

jueves, 6 de octubre de 2016

Cristal celestial

Al mismo tiempo en el mismo tiempo, y al mismo tiempo en un tiempo distinto, una figura enjuta recorría los campos de coralis. Albers sí tenía plena claridad de lo que significaban para el túnel grieta, no había nada que buscar ahí, eran ellos mismos lo importante de ese lugar; pues en ese remoto campo protegido por la solemnidad de las montañas, había comenzado todo. Y de la misma forma sabía que la importancia de dicha apertura no residía en el lugar, sino en el tiempo. Porque para que el túnel grieta se abriese allí, necesariamente había dejado de ser sólo una distorsión espacial.

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Sentí un golpe en la espalda, estaba en movimiento. Había luz, todo giraba, no, yo giraba.
-¡Ahí estás!
La voz de Zóhoro en mi nuca me puso inmediatamente alerta. Con una agilidad impresionante se desprendió de mí, casi como una reacción involuntaria, incorporándose con gracia mientras yo era arrojado por el momento entre los matorrales. Me pareció identificar por un instante una reacción de cautela en él, se preparó, pero no para atacar, se preparaba para defenderse. Aunque sólo duró un segundo, inmediatamente volvió a saltar en dirección a mí, apenas logré esquivar ese primer movimiento mientras pensaba en qué había sucedido. Me había transportado a otra época, y en ella había intentado detener el tiempo con poco éxito, sin embargo algo había logrado, tenía que haber un efecto de mi poder, lo sabía por la explosión y el hecho de haber vuelto al presente.
No tenía tiempo para reflexionar, la garra de Zóhoro avanzaba a toda velocidad hacia mi pecho en un movimiento tan certero como la sed de sangre en su ojo. En ese breve momento tenía que concentrarme y repetirlo, cerré los ojos, pero no podía tomarme la libertad de visualizar el campo, recordé rápidamente mi visión en sueños de Ra’lla y el vuelo junto a los cordones montañosos. Oí el rugido de mi contrincante y abrí los ojos gritando, si no funcionaba seguramente moriría; en ese breve momento sentí las montañas en mi mente y lo siguiente fue demasiado rápido.
Como un meteorito, un enorme cristal, probablemente más de una tonelada, de un intenso rosado trasparente aterrizó de golpe junto a nosotros, como aparecido de la nada a gran velocidad. Sin embargo lo que colisionaba contra el prado no era cristal sino agua, o la misma roca que como por arte de magia se derretía incluso más rápido de lo que caía. Aunque lo más extraño no era la velocidad a la que se derretía, sino la impresionante cantidad de volumen que ganaba. En pocos segundos, Zóhoro y yo nos encontrábamos bajo varios metros de líquido rosado y extremadamente frío, sentía cómo el frío me quemaba mientras intentaba aguantar la respiración. Por más que trataba de nadar, no lo lograba, el líquido se abría paso entre mis brazos y continuaba creciendo desde el cristal junto a mí, que cada vez se derretía con mayor lentitud.
Mi única opción era escapar a través del túnel grieta, intenté correr entre el líquido, resultaba más fácil que correr bajo agua, sin embargo con cada movimiento podía sentir cómo mi cuerpo perdía calor rápidamente y me quedaba sin energías. El líquido estaba extremadamente frío, su punto de congelamiento tenía que ser varias decenas de grados bajo cero, sólo eso o una reacción a los gases atmosféricos podían explicar que se hubiese derretido tan instantáneamente. Con apenas las últimas fuerzas, y un intenso dolor de cabeza que me nublaba la vista mientras mis músculos tiesos ya no reaccionaban, me dejé caer esperando que el túnel me llevara lejos de esa muerte gélida. En los últimos instantes de lucidez sólo pude lamentar a mi rival, no había forma de que Zóhoro se hubiese salvado desde la distancia a la que se encontraba del túnel. 

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Un flojo estallido rosado en medio del prado verde, esa fue su apreciación a lo lejos. La colorida marejada se aproximaba implacable, Albers calculó que en pocos segundos el líquido alcanzaría unos metros por debajo del nivel de la colina donde él se encontraba. Impresionante, la única explicación era actividad ikghuriana, nunca había escuchado de un ikghuriano que pudiese producir materia espontáneamente. Quizás el color podía indicar una mezcla de agua y la propia sangre de quien la producía, quizás se trataba de una amplificación de la materia. Aún más impresionante, se había equivocado en sus cálculos, el líquido pronto alcanzaría a mojarle incluso los pies, era un verdadero mar, espléndido. Sin embargo, fue cuando sintió la temperatura del llamativo fenómeno, que su curiosidad despertó realmente, pensó que si no fuera él, cualquier persona común estaría huyendo por su vida al tomar contacto con la extrema temperatura, aunque para él no era un problema, sólo se trataba de datos en su piel. Magnífico, su hipótesis parecía correcta, la expansión del agua y sangre explicaban que la materia alcanzara tan extremas propiedades a través de la sustancial pérdida de energía, y la separación de las moléculas impedía su congelamiento. Pero Albers no había visto el impacto del cristal momentos antes, de haberlo presenciado, sabría que su hipótesis era incorrecta.

martes, 13 de septiembre de 2016

Pasado o futuro

Al interior de la grieta Jarso y Andrea discutían respecto a la nueva apertura. Tras explorar extensamente, sólo habían encontrado coralis hasta donde alcanzaba la vista. Se daban vuelta sobre lo mismo, pero el lugar no tenía explicación. La única conexión que podían establecer era la gran cantidad de coralis en dicho lugar, sin embargo no era suficiente como para explicar que el túnel se abriera por esa razón. De todos los campos de coralis en el mundo, podría haber sido cualquiera. Finalmente decidieron mantener el lugar bajo observación.

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Estaba todo escuro, escuchaba un pitido en mi oído. Suavemente comenzó disiparse el desagradable sonido y comencé a incorporarme en el entorno, noté que el suelo de cemento vibraba heterogéneamente y piedrecillas chocaban contra mis palmas. Comencé a escuchar gran variedad de golpeteos, similar a lo que se escucha en un taller de carpintería, pero distinto, los ruidos eran igual de heterogéneos que las vibraciones. A medida que mi vista se sensibilizaba a la oscuridad, noté la pesadez del aire, y finalmente comencé a ver, entre el humo, una conmoción de siluetas moviéndose. Estaba en la mitad de la calle, los edificios alrededor a medio derrumbar se mezclaban con el olor a pólvora. Súbitamente, desde el fondo del paisaje, al final de una larga avenida, comenzaron los disparos. De inmediato me agazapé y busqué asilo tras una de las pocas murallas que se mantenían en pie en la construcción junto a mí. Otras siluetas cercanas hicieron lo mismo, no tenía idea quiénes eran los enemigos de quiénes, pero yo tenía que estar precisamente al lado de los que al parecer no contaban con absolutamente ninguna arma de fuego. Pronto la calle estuvo desierta, salvo por varios cuerpos inertes, y la cadencia de las armas mermó. Un par de sujetos audaces comenzaron a arrastrarse cerca de los edificios en dirección a los soldados que desde el otro extremo comenzaban a avanzar corriendo y parapetándose uno tras otro. De vez en cuando disparaban en nuestra dirección. Cuando estuvieron a tres o cuatro casas de nosotros, los dos sujetos que se arrastraban, uno a cada lado de la calle, se detuvieron, confundiéndose con el resto de los cuerpos. Brevemente una pausa entre ambos grupos se apoderó del momento, ninguno hacía movimiento alguno.
Por un instante pude escuchar el viento, nadie hacía un ruido, sin embargo en el aire se sentía aumentar la tensión. De pronto unos leves golpes en el suelo se impusieron desde la casona de en frente, lentamente los golpes fueron tomando el cuerpo de formidables pisadas que abrieron paso a la robusta figura que continuó avanzando decidida hasta la mitad de la calle. Ahí estuvo dramáticamente unos instantes en que el único movimiento fue el de su capa mecida por el viento.
Hasta que finalmente se inclinó levemente, como preparándose para algo, y en ese momento decenas de soldados al unísono comenzaron a disparar en su dirección desde las edificaciones cercanas. Sin embargo nada hallaron los proyectiles en su camino, pues la pesada silueta ya había saltado ágilmente hacia un costado e inmediatamente hacia el opuesto, avanzando por la calle como si rebotara contra las casas. Las balas lo buscaban, pero su figura se desplazaba precisa e implacable ganando velocidad, hasta que estuvo en la misma línea de los soldados, justo frente a los dos cuepros que aún yacían camuflados en el suelo, y dejó golpear todo su peso contra una primera muralla, desplomándola al instante. Mientras los soldados escapaban hacia la avenida como vertidos desde el edificio colapsado, la escena se repetía en la construcción opuesta, y en la anterior, y en aquella frente a esta última; hasta que la robusta masa homínida desaparecía nuevamente con un simple salto tras las ruinas. Los soldados confundidos, encontrados todos juntos, sin embargo aparentemente ilesos en su mayoría, de pronto comenzaron a soltar gritos de guerra y rápidamente avanzaron en nuestra dirección disparando sin objetivos en variadas direcciones.
Continuaron en masa varios metros, registrando las casas que quedaban en pie y disparando ocasionalmente dentro de ellas. Hasta que estuvieron sobre el lugar en el que aún permanecían las dos figuras mimetizadas con los bultos, rehusándose aún a mostrar señales de vida, y en un instante todo se llenó de luz. Desde el suelo y entre los cadáveres, centenares de destellos y rayos púrpura afloraron, y entre ellos pude ver los rostros llenos de horror de los soldados, que en el color de la luz parecían adivinar un fin inexorable. En menos de un segundo habían desaparecido en su totalidad, sólo quedaban algunos restos de las extremidades, un pie por allí, una mano por acá. Y sin embargo ningún rastro de sangre, salvo manchas pequeñas en las paredes de las casas.

Sólo un puñado de soldados se mantenía de pie, paralizados por el miedo un poco más atrás. Observaron la situación brevemente, miraron atrás, tenían que estar dispuestos a huir. Sin embargo decidieron retroceder sólo un poco y comenzaron a disparar en diversas direcciones alrededor del sector donde el resto del pelotón había desaparecido. Pronto uno de los proyectiles alcanzó a uno de los sujetos tirados en el suelo, se estremeció y gritó, pero sin más demora dos disparos más se encargaron de callar sus alaridos. El otro sujeto estaba en peligro, fue entonces cuando lo pude ver bien, la figura robusta de antes, que ahora se paraba tras una muralla derrumbada a pasos de mí, era Zóhoro. No me conocía, y tenía ambos ojos. Con inmensa fuerza levantó el trozo de concreto, arrojándolo con pesadez justo delante de donde el otro sujeto yacía aún inmóvil, y nuevamente con un ligero movimiento aterrizó tras el mismo. Sin embargo justo antes de alcanzar la seguridad del parapeto, un único disparo alcanzó su cabeza, y por un instante todos pensaron que sería el fin. Pero antes de que los soldados pudieran celebrar, su estridente rugido los mantuvo en silencio, y con la sangre a un costado y su compañero sujeto del otro huyó entre las miradas pasmadas.

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Solo un segundo de calma bastó para que desde todas direcciones la conmoción se hiciera presente. Como si la esperanza se hubiera perdido súbitamente, sujetos acá y allá se volcaron sobre las calles entre el ruido igualmente atropellado de disparos en el otro extremo de la calle. La confrontación desordenada pronto llenó de cuerpos los huecos entre los escombros. Y más soldados comenzaron a avanzar en nuestra dirección. Había más gente de la que pude apreciar en un principio, cerca de mí cientos de ikghurianos corrían por sus vida, y muchos eran alcanzados antes por el plomo. Una proporción menor peleaba contra los soldados, se veían movimientos fugaces, individuos sumamente ágiles, otros parecían disparar sin armas, y otros quietos tras refugios concentrados, notoriamente todos operaban por la lucha de alguna forma, y pese a ello, sin un plan, como había ocurrido antes, lentamente sus números disminuían en relación a aquellos de los humanos.

Entonces lo sentí, algo había dentro de mí, algo ikghur, algo podía hacer. De la misma forma que había llegado a esta escena, algo podía hacer en ella. Algo de poder corría por mi sangre. Quería hacer algo por mí, no por humanos ni por ikghurianos, quería sobrevivir y contar la historia, sin embargo por alguna razón a la vez me sentía parte del bando ikghuriano. En cualquier caso no sabía de qué era capaz, antes de saber qué defendería, debía comprobar que efectivamente tenía la posibilidad de influir de alguna forma en la contienda. Intuitivamente cerré los ojos y me concentré, visualicé el espacio a mi alrededor, como un modelo computarizado del terreno, de pronto tuve completa claridad sobre cada recoveco en 200 metros a la redonda. Sentí que el tiempo se congelaba y todo se volvía negro, en la representación mental que hacía del lugar, cada elemento se oscurecía, pero continuaba presente, era como si en mi mente dejara de ver las cosas y comenzara a sentirlas, y a través de ese fenómeno la sensación se volvía mucho más real; ya no era como si visualizara el terreno al interior de mi mente, era como si lo sintiera en realidad. Era como se fuera parte del espacio, o el espacio fuera parte de mí. El tiempo estaba detenido, podía sentirlo, pero no sabía qué más hacer… Abrir los ojos y explorar el tiempo congelado, o quizás intentar mover el tiempo, o tal vez operar de alguna forma sobre la materia misma, sentía que cualquier cosa era posible. Sin embargo tan pronto titubeé, la sensación se difuminó, necesitaba mantener la concentración, y ese fue mi error. Mientras trataba de recobrar el trance comencé a sentir la inestabilidad, como una inquietud en todo mi cuerpo, como una interferencia de ondas que atravesara mi piel, y en el breve instante que mis ojos se abrían alcancé a vislumbrar como una gran explosión turquesa cubría poco más que todo el espacio que visualizaba.

lunes, 30 de mayo de 2016

Campos de Coralis

-Para quién trabajas.
El olor a salitre y la humedad sugerían que me encontraba en una alcantarilla. Traté de ver alrededor, pero estaba sumamente oscuro. La voz grave inquirió nuevamente.
-Para quién trabajas, Roberto.
El único otro sonido que podía escuchar era el de un tenue flujo de agua, como de una acequia. A medida que me incorporé sentí un fuerte dolor en la cabeza y el brazo derecho, me habían traído a la fuerza. Recordé los destellos en el barrio Nueva York, y los pude ver emerger de la oscuridad frente a mí, junto con una silueta familiar.
-Zóhoro.
-Chiro.
Zóhoro, el sujeto de la voz grave, que aparentemente estaba sentado detrás de mí, se puso de pie y sentí un pesado paso.
-Se abrió, Jarso y Andrea están investigando.
-Quédate con Roberto.
Su pesada figura se desplazó segura en la dirección desde la que había aparecido Chiro, sólo pude ver que llevaba una toga oscura, unos metros más allá sus pasos dejaron de sonar.

Intenté dialogar con Chiro para saber por qué me habían secuestrado, le dije de varias formas que no trabajaba para nadie, explicándole cómo había llegado a Ra’lla, pero todo lo que escuché fue el suave fluir del agua. Finalmente me recosté sobre la roca fría y me dormí.

Una pradera de intenso verde oscuro al pie de una cordillera enorme. Me desperté de golpe mientras Zóhoro me tiraba al suelo inquiriendo:
-¿Dónde estamos?
Me observaba con su ojo severo, el ojo izquierdo oscurecido por una extensa cicatriz oblicua contribuía a hacerlo más intimidante. Con la misma severidad observaría un coco grande y jugoso, la cáscara separada delicadamente, pero con nada más que la fuerza bruta provista por esas enormes manos rojizas. El coco entero le cabe de dos bocados en la boca, pero probablemente toma trozos pequeños y los come de a poco mientras lee filosofía o pasea por un parque lleno de niños jugando y padres que jamás lo verían como una amenaza pese a su llamativo tamaño. Entendí que tenía que dar una respuesta.
-Al sur de Santiago… o al norte… pero…
A primera vista teníamos que estar en Chile, en ningún otro lado se puede ver una cordillera así tras las praderas. Sin embargo pronto se me hizo evidente que incluso para la cordillera de los Andes, estas montañas eran demasiado grandes. No podía ser el sur por esa razón, pero la vegetación definitivamente indicaba que no estábamos cerca del trópico. Aunque las praderas se extendían incansablemente entre montículos y montañas menores, pero no se observaban bosques. Hubiese dicho Magallanes, pero el aire era seco y la cordillera seguía pareciéndome demasiado espectacular.
-Sé que no quieres escuchar esto, pero de verdad que no lo sé.
Su ojo se entrecerró como si pudiera ver más allá de lo que estaba diciendo. Se detuvo a examinar el paisaje. En todo el horizonte había unas tres casuchas, sin embargo la flora del lugar no parecía intervenida, probablemente las casuchas estaban abandonadas. Pese a ello, entre el follaje se alcanzaban a distinguir ciertas divisiones, algo que podrían ser senderos, o bien estos habían sido campos de cultivo hasta hace algunos años. Zóhoro comenzó a caminar dando un gran círculo alrededor del túnel grieta que se elevaba tras de mí desde el suelo, proyectándose infinitamente hasta el cielo. Estábamos sólo los dos en este lugar desierto.
-Son los Himalayas. No es ninguna cordillera cualquiera, son los Himalayas.
Observé nuevamente, tenía sentido, estábamos en Asia.
-Estamos en un campo pelado plagado de Coralis a los pies de los Himalayas. ¿Por qué se abrió el túnel grieta aquí?
Me miró nuevamente con esa severidad que ya parecía no despegarse jamás de su oscuro ojo verde.
-Coralis, el túnel Grieta, Ikghur, Copiáceas.
Comenzó a acercarse a mí.
-¿Qué tienen en común? Todos brillan azul. ¿Por qué?
Su voz profunda me penetró. Me estremecí por un momento, pero no tenía miedo. No era el mismo que hacía un año, no sólo estaba en un mundo fantástico para mí, yo era una pieza fundamental.
-¿Quién eres Roberto? ¿Qué sabes? ¿Para quién trabajas?
-Nadie, para nadie, ¿y tú?
Me puse de pie, mis manos no estaban atadas, me sentí con más confianza aún.
-¿Qué crees que estás haciendo? Me traes aquí como si yo fuera un espía de Vaco. Esto no me interesa, tengo mejores cosas qué hacer. No sé cómo funcionan las cosas, pero tu acto de matón no me interesa.
Su mirada severa se tornó furiosa y su voz profunda, aún más intensa. De golpe me tomó por el pecho y sin esfuerzo alguno me levantó hasta ponerme frente a su cabeza, mis pies colgaban al menos medio metro sobre el suelo y recién dimensioné su tamaño.
-No estás entendiendo… Roberto. Ahora vas a decirme todo lo que sabes.
Intenté zafarme, pero era inútil, su mano era lo mismo que una garra de grúa, no había forma de poder soltarla.
-¡Argh! ¡No sé nada, ye te lo dije!
Con un rápido movimiento me arrojó varios metros más allá y mientras se abalanzaba de un salto continuaba inquiriendo.
-Un tipo que aparece de la nada, que no sabe nada, que aparece y desaparece sin que nadie sepa dónde va… Y que de pronto está enterado de lo que pasa en el mundo sin hablar con nadie… ¿Creíste que no ibas a levantar sospecha?
Al caer, la tierra alrededor se remeció, intenté incorporarme y tomar distancia, pero con la agilidad de un felino me tomó y volvió a arrojarme aún más lejos del túnel grieta. Su poder era impresionante, como un saco de arena me echó a tumbos unas cuatro veces, hasta que finalmente me detuvo con el pie sobre la garganta. Ya no sabía qué decir, qué quería que dijera, suponía que creía que era un espía de Vaco. Quizás algo más, de todas formas ya no podía hablar con su peso sobre mi cuello, él continuaba inquiriendo, pero ya no lograba entenderlo. Pensé que quizás tenía razón. Yo sentía algo extraño en mí, hacía tiempo que yo ya no me sentía yo. Los viajes en el tiempo me habían dado una perspectiva nueva, una desde la que nada parecía lo mismo de antes. Las jerarquías se me habían desdibujado, tal como flaqueaba mi conciencia en esos momentos. Era como si una fuerza interior me hubiese engrandecido, pero nada de eso valía mucho, todo eso quedaba aplastado bajo el pie de Zóhoro. Mientras mi vista se nublaba, lo último que vi fue su silueta oscureciendo el sol.


(no es el fin por siaca, estimados lectores, falta mucho aún :3)