lunes, 30 de junio de 2014

Portales

   Hice algunos comentarios en la universidad para buscar una explicación. No podía preguntar "a alguien le ha pasado que cruza un portal a otra dimensión", pero al menos pedí opiniones sobre dimensiones paralelas y sucesos paranormales, fue interesante descubrir que de hecho varios compañeros tenían impresiones qué compartir al respecto. Entre tanto hice un comentario sobre lo bonito que es la calle Nueva York, a ver si alguien hacía alguna mueca que lo delatara, sin embargo mi comentario pasó inadvertido, probé la misma fórmula varias veces y jamás ocurrió nada. No me daba miedo usar esa fórmula, ya que la pregunta "dimensiones paralelas" no tenía nada de raro como inquietud filosófica, y nadie podría notar mi interés en relacionarla con ese lugar específico, no a menos que lo hubieran vivido en carne propia, en cuyo caso no estaba loco. Sin embargo no ocurrió, eso me permitió concluir que yo era el único que estaba cruzando el portal, entonces lo obvio era preguntarme por qué. Podía ser algo que yo estaba haciendo, podía ser algún objeto, material, o conjunto de ellos que estuviese llevando conmigo, podía ser alguna característica mía no perceptible para el ojo humano, lo único que quedaba descartado era que fuera una condición ambiental y que justo en mi paso por el lugar se dieran las condiciones. El hecho de que a nadie más le hubiese pasado indicaba que las probabilidades de caer en condiciones ambientales eran prácticamente nulas para dos veces seguidas, a menos que la condición para cruzar el portal fuese haberlo cruzado antes, en ese caso podría aceptar que la primera vez la ínfima probabilidad hubiese sido mi única oportunidad, y que sólo eso me permitiese seguir cruzando. Sin embargo nada me aseguraba que volvería a llegar a ese lugar.
   En cualquier caso, tomando los argumentos físicos de mis amigos respecto a dimensiones paralelas, la mayoría de estos raciocinios no tenían sustento. Esto me dejaba con algunas opciones, desde lo más probable hasta lo más descabellado:
1) Se trataba de nada más que sueños, lo había soñado y por alguna razón estaba tomando mis sueños por realidad.
2) Coincidencia, Calia era real, Albers también, el gordo también, simplemente había tenido la suerte de conocer a estos extraños sujetos en ese lugar, y sus excentricidades no eran más que eso, excentricidades.
3) Todo se trataba de una alteración en mi cerebro que me estaba haciendo alucinar o inventar recuerdos que en realidad no ocurrieron. En otras palabras, estaba loco, probablemente algún tipo de esquizofrenia paranoide que me tenía envuelto en una especie de historia sobre una realidad alterna para escapar de la realidad.
4) Era todo un único sueño, en realidad aún no había despertado, desde el día que conocí a Calia.
5) Estoy en una de esas tinas de gel a temperatura corporal en los que en ausencia de estímulos uno alucina y a los encargados se les olvidó sacarme.
6) Reservé este espacio para las explicaciones alternativas posibles que no se me hubiesen ocurrido.
7) Es hora de aceptarlo, los portales son reales, al interior de la calle Nueva York, efectivamente, hay una dimensión paralela.
   De una serie de posibilidades ridículas, que se tratara de una dimensión paralela era la más impensable de todas, y sin embargo no podía ser ninguna otra opción, ninguna otra tenía sentido realmente, a este punto ya había descartado todas las demás. Tenía que ser todo real de alguna forma, de lo contrario habría vacíos en la historia, o inconsistencias en mis recuerdos, con eso sólo podían ser la segunda y la séptima opciones. Sin embargo tenía que ser honesto conmigo mismo y descartar la segunda, desde los nombres hasta sus actitudes, no podían ser simplemente inusuales, tenían que ser de un lugar distinto.
...quería tener cientos de personajes, con distintas características, cada uno con sus peculiaridades, que la gente pudiera enamorarse de ellos, tener sus favoritos y sus odiados...


...me di cuenta de que no podía sacar lo que no tenía, en mí había otras cosas, había menos, mucho menos...



...llegó un momento en el que dejé de hacer las cosas que quería hacer, por hacer las cosas que tenía que hacer, y noté que no era un deber, había dejado de hacer las cosas que quería hacer porque no quería hacerlas; los deberes eran sólo una excusa...



...comencé a observar otros artes y otras escrituras, yo quería ser como ellos...



...entendí que no existía una fórmula para el éxito, y eso me alivió enormemente...

martes, 17 de junio de 2014

Cada vez que reacciono de una forma distinta a la que suelo reaccionar en una determinada situación, y lo veo como un aprendizaje, me pregunto: ¿Será que toda mi vida fue una preparación para ESTE momento? Y me emociono y me perturbo pensando lo que eso significaría, esta persona que está en mi presencia cuando reacciono de esta nueva manera, ¿no podía estar si yo no estuviese listo para reaccionar así?

...la volaíta.

sábado, 14 de junio de 2014

Sueño 2

Lo recuerdo con extrema claridad, casi como si lo hubiera vivido. Me encontraba en un campo interminable de margaritas, la luz del sol era especialmente encandilante y llenaba el revoloteo de los pétalos bajo la brisa de fulgor blanquecino. El aroma tenue me inducía a levantar la cabeza como si todo el campo fuera una especie de amplificador trascendental, como una forma en la que me podía conectar con el universo. Estuve en eso un par de minutos con los ojos cerrados hasta bajé la vista y noté la silueta difusa. Su vestido verde limón ligeramente traslúcido ondeaba dando vida a los colores de las flores que nos separaban, permaneció ahí inmóvil un buen rato. Yo la miraba, también sin ánimo de moverme, en realidad todo era inmóvil. Finalmente se volteó, sólo un poco, la silueta de su nariz quería desafiar al sol que se hacía cada vez más luminoso, ofuscando todo.

Nos vemos la próxima semana. Ese era un gracioso motivo para volver a otra dimensión, no es como que alguien fuere a preguntar, pero pensaba en lo que respondería "Porque un científico en una zapatería me dijo".

sábado, 7 de junio de 2014

Disculpas

El día que sea capaz de amarte. Voy a tener tantas cosas por las que pedirte disculpas... Pero si no las hago ahora, jamás sería capaz de amarte.

lunes, 26 de mayo de 2014

El Gordo y lo flaco

   Varios días pasaron en los que salí de mi casa sólo para lo estrictamente necesario, y el resto del tiempo me dediqué a reflexionar sobre las cosas. Necesitaba saber si Calia era real o producto de mi imaginación, sin embargo no era posible; pronto descubrí que eso no era algo que debía saber, sino una decisión que tenía que tomar. La verdad la podría descubrir más tarde. La decisión era más simple de tomar, y en cuanto tuve la fuerza para hacerlo, salí a un mundo en el que Calia no existía.
   
   Me atreví a volver a Nueva York, sólo para recordar. Me había convencido de que las personas que vi aquel día no estarían y me preguntaba qué podría encontrar. En cierta forma tenía inquietud por conocer la verdad sobre esa misteriosa calle, esa verdad que está disponible para todos, menos, a veces, para mí. Automáticamente caminé hasta el lugar donde estaba el local en el que vi al sujeto gordo, decidí partir mi reconocimiento allí. Me pareció que lo mejor era estar lo más convencido posible de la calidad onírica de mis recuerdos sobre el barrio, por eso decidí ir directamente a un local que podría recordar y convencerme de que el barrio que recorría ahora no era el mismo en el que había estado antes. Confieso que aún con desilusión producto de una esperanza infantil, quizás de no estar loco, o quizás de que alguna magia en el mundo fuere real, fue que llegué a una simple reparadora de calzados. Le eché una mirada, tenía toda la cara de estar ahí desde hacía muchos años, al menos me reconfortaba ver que aún conservaba la capacidad para reconocer el mundo real. Me di la vuelta para echar un vistazo al resto de los locales y mientras lo hacía escuché el ruido de la puerta abriéndose tras de mí seguida por una voz más arrastrada que grave ¿Viene por el anuncio del experimento? Justo nos desocupamos con la última voluntaria, me llamo Fisk. ¿Es idea mía o aquí no todo es real? Ahí estaba el mismo gordo, Fisk, su nombre no podía sino ser una señal... ¿de qué? ¿Una señal conspiratoria, o una señal de Calia? O simplemente una señal de que estaba en el lugar correcto, pero correcto para qué. N-- Sí, vine por el anuncio. Ya había cruzado el portal ¿qué portal?, tenía que seguir el juego de esta curiosa dimensión. Ah qué bueno, soy Fisk. Ya me había dicho este jetón. Soy Roberto. Pasa por aquí Roberto, voy a buscar al doctor. ¿Doctor? Pero esto es una zapatería. Sí eh-- bueno sí, espera un poco, el doctor ya viene.
   
   Albers. ¿Cómo, Alberto? Albers, qué bueno que vino señor... Zeitlinger, Roberto Zeitlinger. Acompáñeme por aquí señor 'Sailinguer'. Albers, ¿zapatero o doctor? Un sujeto de bata gris clarísima con una modesta cabellera blanca amarrada atrás para no molestarle mientras come su lasagna bolognesa. Provisto de un tenedor demasiado alargado y extremadamente recto recorta el bloque de lasagna en las partes exteriores recogiendo cualquier trozo de carne que cae al plato y dejando siempre una figura regular; de esta manera mantiene la temperatura y la apariencia bien cuidadas. Me detuve un instante en el olor a betún impregnado en su bata, probablemente más zapatero que doctor, o al menos le debía gustar más. El sujeto tenía cada vez menos sentido para mí. Tras una puertecita de madera parcialmente al descubierto bajo la pintura blanca descascarada, a la que resultaba especialmente incómodo llegar, apretándose para pasar por la barra de atención, y a través de la que apenas cabía una persona erguida, me encontré en una sala completamente oscura y con un olor totalmente distinto, como a envoltorios de plástico nuevos. Al cerrar la puerta sentí como si nos hubiésemos transportado lejos, entonces se iluminó la habitación y noté que las paredes estaban cubiertas de espuma para aislar el sonido y al centro un sillón como el que usan los dentistas junto a un curioso aparato lleno de cables que parecían tentáculos. En unos minutos podremos comenzar, sólo tengo que preparar los archivos de lectura en el ordenador. 'Sailinguer' no es un apellido común. Ahm, es austriaco, mi abuelo llegó a Chile en los tiempos de la Alemania Nazi. Me miró con sospecha y mecánicamente contesté anticipando la duda. No, no soy judío, es-- Muy bien señor,.. Sailinguer, necesito que firme aquí y podremos comenzar. El documento no tenía nada de raro, me pedía mi autorización para medir mi actividad cerebral mientras... ¿dormir? ¿Tengo que dormir durante una hora? Me parece que eso quedaba bastante claro en el anuncio, ¿algún problema señor Sailinguer? Hm, no, es, no es nada. Muy bien, por favor póngase cómodo, por norma la almohada está recién lavada, una vez que se haya dormido comenzaremos las mediciones, usted no necesita preocuparse por nada. Con cierta desconfianza entrecerré los ojos un rato pensando que en cualquier momento este tipo saltaría sobre mí con un cuchillo. Finalmente, quizás sumido en la fantasía de estar medio durmiendo, pude convencerme de estar en una dimensión distinta a mi realidad. En alguna parte tenía que haber un portal escondido que yo estaba cruzando desde la calle Nueva York, y en tales circunstancias, dormirme en presencia de este sujeto era realmente lo menos descabellado de todo.

miércoles, 21 de mayo de 2014

Muchas veces he hecho "sacrificios por amor" en los que me privo de algo huevonamente por una razón completamente imbécil que se me ocurrió cuando perfectamente podría no privarme. Y siempre gozo con ese sufrimiento estóico de lo romántico que es ponerme una barrera huevona para no tener algo.
Siento que el "sacrificio por amor" que empecé a hacer ayer es el primero que hago que no es tan huevón y en el que en realidad se justifica privarme de algo... y es el que más duele.

martes, 20 de mayo de 2014

Abre paréntesis

   A la mañana siguiente todo era poco más que una anécdota típica, algo salido de mi cabeza que coloreaba los edificios y llenaba de textura las paredes de los túneles. Fantaseaba millones de historias alternativas que me hubiese gustado vivir en lo que no era más que producto de mi imaginación. Como de costumbre disfruté viendo a los atletas de la combinación de líneas en el metro sobrepasarme en el camino, intentaba adivinar cuáles realmente estaban atrasados; generalmente uno o dos y nunca los primeros. Esos son corredores de profesión y hay que respetarlos, para ellos el sacrificio empieza en el plato de fideos con atún y surtido de verduras, uno que ya no recuerdan a qué sabe pues lo comen tan mecánicamente que no han notado siquiera la particularidad de que el patrón en el que comen los fideos es siempre exactamente el mismo. A veces un espiral se desliza por el tenedor sin ser perforado y ellos no lo notan, raramente este fenómeno se acompaña por dos arvejas perfectamente atravesadas en sus ejes centrales por las puntas externas del utensilio, y cuando ello ocurre, es como un día en el que correr por las escaleras sirve de algo pues encuentran las puertas del metro que no hubiesen podido tomar, esperándolos. Y mientras secretamente me burlaba de ellos, la vi: en realidad estaba Calia ahí. Tenía una mirada más ingenua y sus ropas habían cambiado demasiado, ahora comunes, pero era ella, mi corazón lo supo al instante y mis ojos se hicieron vapor tratando de constatarlo.
 
   Me paré junto a ella, me daba la espalda y no sabía qué hacer. Mi mente revivió la situación mil veces, no podía estar ella realmente aquí, no podía, no podía ser. Y si realmente era ella, ¿tenía acaso forma de reconocerme? En cierta forma, el hecho de que estuviera tan distinta, particularmente esa diferencia en su expresión que reflejaba un aire ahora disminuído y temeroso, me servían de confirmación: no podía ser otra que ella. Supe que debía hablarle, no sólo era necesario descubrir qué estaba ocurriendo, además no me hubiese perdonado jamás privarme de una oportunidad para volver a ver esos ojos. Al acercar mi mano tal como lo había hecho ella tan naturalmente conmigo, mis pies comenzaron a temblar, mi torpe introducción estaba tan nublada que apenas pude notar levemente el tono de su piel. Entonces le expliqué. Necesito que leas esto. Y me miró, pude notar una extrañeza que probablemente era el vestigio del sobresalto con el que deduzco, me miró primero, pero nada de ello importaba: los ojos de Calia, esos mismos ojos ofuscaban el tiempo al rededor y yo no podía creer que los estaba viendo en ese momento, eran realmente sus ojos, era realmente su pelo, era realmente ella. Algo de ella quería reconocerme y no podía, se esforzaba por entender lo que mis palabras le evocaban, y quiso leer, pero nuevamente desapareció. Yo de brazos cruzados inmovilizado por el temblor de sus ojos en todo mi cuerpo simplemente la observé escabullirse entre la gente. Disculpa, me bajo aquí, me hubiese gustado leerlo. Y así el dulce eco de su voz fue todo lo que me quedó, quizás por siempre.

lunes, 19 de mayo de 2014

Oda a las verguillas


A ti te hablo, protuberancia expeledora de fluído blanquecino que tanto placer me das al apretarte.

Mientras más espinillas en mi área púbica aparecen, más penes tengo.
Y mientras más poblado estoy de pequeños penes,
más airoso se yergue Gulliver
sorteando los lazos que,
sin éxito intentan asirlo.

(¿Poema? Antiguo que durante mucho tiempo busqué y ahora descubrí que estaba en otro blog, así que lo exporté a mi blog principal)

El misterio de conocer a alguien

¿Por qué será que ningún aspecto de una persona, por maravilloso que sea, puede ser mejor que no conocerla?