1) En español: porque Azteca es el apócope de "Hazte caca"
2) En inglés: porque Aztech es el apócope de "Ass technology"
Margaret Mahler (Psicoanalista, siglo XX) supuso que para hacer factible la separación entre el bebé y su madre, el primero debía producir una imagen de ella para sí. En otras palabras, una medida según la que la madre no desaparezca en su existencia al mismo tiempo que desaparece de la vista. Ello se condice con las experiencias en el juego de taparse la cara "está / no está", en algún momento el bebé descubre que la existencia de la persona que hace esto no desaparece y reaparece como las partículas subatómicas según ña física cuántica, sino simplemente deja de ser visible.
Esto puede fácilmente encontrarse en nuestra vida diaria, podemos acceder a las personas que no tenemos a la mano a través de nuestros recuerdo e incluso somos capaces de establecer diálogos mentales con ellas. Sin embargo ¿qué ocurre del cruce entre estos conceptos y mi ya famosa (okey, no) teoría de que las personas que nos interesan en el plano amoroso no pueden alcanzar representación visual?
Visto de esta forma, el enamoramiento no produciría la falta de imagen, podría ser más bien al revés. Me explico: Podríamos pensar que respecto de ciertas personas nos resulta más difícil producir esta representación visual (en otras palabras, que no logramos recordar su rostro), y por lo tanto cuando no las tenemos cerca, se nos desaparecen; no hay forma de traerlas a la mano. Es así que, tal como el bebé que se aferra a su madre, nos aferramos a estas personas debido a que cuando no las tenemos cerca tememos que desaparezcan.
Esto sugiere algunas interrogantes:
En primer lugar respecto del huevo y la gallina. ¿Amamos a estas personas para luchar contra su desaparición, o es que las amamos primero y nos imbuimos de tal forma en esta fijación, que dejamos de lado el proceso que conforma su representación visual, cosa que luego -meramente- alimenta nuestro deseo por ellas?
Luego, suponiendo que ambas opciones (tanto el huevo como la gallina) sean posibles para toda persona dada, ¿cómo reconocer aquellos casos en que la aprehensión en reacción a la destrucción del objeto (para usar un poquito de lenguaje psicoanalítico, ya que la reflexión a fin de cuentas nace de las ideas de alguien adcrita a dicha corriente) es causada por el deseo amoroso (cuando el amor es genuino, diríamos), y cuándo es ella la causante de dicho deseo (cuando el amor es falso u obsesivo, en ese caso)?
Puede ser ruido gris, la lluvia o la incerteza de la calefacción en ductos ocultos, pero se siente un murmullo agitado que augura la calma ansiosa. La fortuna me provee con un enorme tragaluz conformado por un centenar de vidrios dispuestos uno junto a otro. El primer violín enciende mi pecho y un único vidrio cercano al centro del tragaluz, en el resto de ellos parece no llover. Puedo ver con claridad, en ese único vidrio vivo, las gotas de lluvia, y mi corazón, recién incorporado, se agita de la impresión: Llueve al ritmo de esta canción. El violín apura sus pasos asegurando no caerse en medio de su tambaleo medido, un par de vidrios más se encienden, aquí y allá cae la lluvia siguiendo exactamente la pauta del implacable violín. A medida que se acomoda en la compañía del cello, incesantemente por todas partes, más y más vidrios se animan en su composición y el tragaluz completo quiere desprenderse de sus vigas metálicas y tragarse toda el agua que lo provoca con tosudez.
Por mi mejilla cae el fantasma de una lágrima, todo el espacio entre mi piel y el vidrio tembloroso es vacío, la lluvia está en el cielo y dentro de mí, y entre nosotros nada de humedad cabe con la música desatada.
Un vidrio se apaga y otro revive, me pregunto si la lluvia cae siempre tan desigual como esta canción o si entre ambas penetran mis sentidos para complementarse a favor de esta ilusión. De a poco varios vidrios moribundos se desvanecen mientras la música se agita desesperada tratando de devolverles el ánimo, hasta que es inevitable, y ambas se despiden en la oscuridad.