miércoles, 7 de mayo de 2014

Por qué los aztecas eran la raja

LITERALMENTE, yo les explicaré por qué

1) En español: porque Azteca es el apócope de "Hazte caca"
2) En inglés: porque Aztech es el apócope de "Ass technology"

martes, 25 de marzo de 2014

A la antigua

Las ventanas se abren frente a mí de golpe y saltan astillas y vidrio en todas direcciones. Contemplo un paisaje retorcido que me mira de vuelta intimidante. Un par de ojos negros al fondo me observan, ojos cerrados, como los ojos vistos desde dentro, se abren y desatan una tormenta en los páramos confusos. La lluvia y mis lágrimas se confunden, allá afuera y acá a dentro los desórdenes se mezclan. Quiero gritar y quiero saltar, qué es esto, qué es todo lo que queda. El viento azota los escombros y chocan con estas paredes que se deshacen solas. La tormenta me envuelve cálida y los restos de desastres olvidados agujerean mi piel. Mis pies olvidan muchas pisadas distintas y se dejan adormecer por el frío mentiroso, un último suspiro me susurra que nunca hubo un suelo, pero yo a estas alturas ya entiendo todo. Si pudiera extender mi mano sentiría las gotas en todas direcciones y con varias temperaturas, esto estuvo siempre aquí, recién abrí la ventana. Una simple ventana... Y mientras el huracán me azota contra montañas, roqueríos, pastizales, mares, voy recordando. Esto es todo lo que siempre estuvo, estos territorios indómitos recorrí en mi infancia, aquí pertenezco. Allá lejos la casucha que me resguardaba se deshace y amenza con volver a levantarse, quiere levantarse y quemar todo como el fénix, y yo que me dejo azotar, ¿qué voy a hacer? ¿A quién defiendo? Sólo yo puedo elegir dónde vivir, pero ahora sé que el lugar en el que no esté, morirá.

lunes, 24 de marzo de 2014

Mal y bien

Tanto cuando estoy con ella, como cuando estamos alejados, he sufrido caleta en esta relación. Pero cuando pienso en eso no lo veo como una queja, lo veo como un dato que no logro interpretar. Esto significa que debería alejarme de ella porque me hace daño? O es que nunca había estado realmente abierto a que me dañaran?

sábado, 1 de marzo de 2014

Buqué elemental

Dos puntos diferentes o indiferentes se arrimaban al abismante augurio de la distinción blanda y cruda. Atrás, las más-duras realidades humeaban sus cesos por rendijas y grietas. El degradado rígido desteñía el suelo evaporándolo en latidos angustiados. Los gritos verticales se empapaban de polvo sangriento y evaporaban los anhelos de libertad.
El desarraigo se había sentado a observar con ardor en los ojos, y así, sin más, dos puntos indistintos de la escena volvieron a fundirse en las islas de suavidad.

Entwurf perdido

A veces el polvo se condenza. Las formas de geometría biológica o física o química o artística, siempre es lo mismo. El aire se aprisiona en trayectorias propias, son como bailes de sus partes, ha decidido representarse por un juego de trayectos oblicuos.
Me recuerda transiciones entre batallas medievales imaginarias. Un pansito con queso y un tesito de ocho hierbas. Los vectores

Qué chucha estaba escribiendo acá?

martes, 2 de julio de 2013

Querer y querer tener cerca

Margaret Mahler (Psicoanalista, siglo XX) supuso que para hacer factible la separación entre el bebé y su madre, el primero debía producir una imagen de ella para sí. En otras palabras, una medida según la que la madre no desaparezca en su existencia al mismo tiempo que desaparece de la vista. Ello se condice con las experiencias en el juego de taparse la cara "está / no está", en algún momento el bebé descubre que la existencia de la persona que hace esto no desaparece y reaparece como las partículas subatómicas según ña física cuántica, sino simplemente deja de ser visible.

Esto puede fácilmente encontrarse en nuestra vida diaria, podemos acceder a las personas que no tenemos a la mano a través de nuestros recuerdo e incluso somos capaces de establecer diálogos mentales con ellas. Sin embargo ¿qué ocurre del cruce entre estos conceptos y mi ya famosa (okey, no) teoría de que las personas que nos interesan en el plano amoroso no pueden alcanzar representación visual?

Visto de esta forma, el enamoramiento no produciría la falta de imagen, podría ser más bien al revés. Me explico: Podríamos pensar que respecto de ciertas personas nos resulta más difícil producir esta representación visual (en otras palabras, que no logramos recordar su rostro), y por lo tanto cuando no las tenemos cerca, se nos desaparecen; no hay forma de traerlas a la mano. Es así que, tal como el bebé que se aferra a su madre, nos aferramos a estas personas debido a que cuando no las tenemos cerca tememos que desaparezcan.

Esto sugiere algunas interrogantes:
En primer lugar respecto del huevo y la gallina. ¿Amamos a estas personas para luchar contra su desaparición, o es que las amamos primero y nos imbuimos de tal forma en esta fijación, que dejamos de lado el proceso que conforma su representación visual, cosa que luego -meramente- alimenta nuestro deseo por ellas?
Luego, suponiendo que ambas opciones (tanto el huevo como la gallina) sean posibles para toda persona dada, ¿cómo reconocer aquellos casos en que la aprehensión en reacción a la destrucción del objeto (para usar un poquito de lenguaje psicoanalítico, ya que la reflexión a fin de cuentas nace de las ideas de alguien adcrita a dicha corriente) es causada por el deseo amoroso (cuando el amor es genuino, diríamos), y cuándo es ella la causante de dicho deseo (cuando el amor es falso u obsesivo, en ese caso)?

miércoles, 5 de junio de 2013

Nubes sangrientas

Ahora me pregunto, ¿estoy muriendo? ¿Qué me está pasando? No duele, sólo se siente extraño, desagradable en cierto sentido y agradable a la vez. Mi conciencia y mi concentración fluctúan misteriosamente, partes de mí se alejan y vuelven. De a poco mi cabeza comienza a ser parte de esta extraña deficiencia que siento en el corazón. Pienso que ella se apenará si muero, que debería escribirle que la quiero. Pero, y si realmente estoy muriendo, ¿cuánto tiempo me tomará?, ¿cuánto tiempo permaneceré en este vaivén entre los sueños y la realidad?
Demasiado tiempo ha pasado desde que me dijeron muchas cosas, pensé mucho en ella y me mantuve en este cielo que se desangra con mi lucidez. El día completo he estado en esta conciencia retraída tras la muerte lenta, esperando que de pronto, sin más, ocurra. Me aferro con los pies al mundo y con las manos alcanzo la muerte, mi pecho etéreo amenaza con levantar la tierra entre mis dedos. No sé si me cansaré de esto, no sé qué es, no se si muero o vivo más que nunca, es algo o es nada, nada parece distinto fuera de mí, aunque todo se tiñe de un velo nuboso.

miércoles, 29 de mayo de 2013

Las terribles contingencias del bolsillo

Los bolsillos de la chaqueta suelen utilizarse para guardar una limitada gama de objetos por breves períodos de tiempo. Hablo de una gama limitada refiriéndome a que suelen limitarse al celular, las llaves, la billetera y/o las propias manos.

Es un hecho afortunado que la mayoría de las chaquetas cuenten con medidas de seguridad en dichos compartimientos, las cuales generalmente consisten en cierres  (más conocidos popularmente como "cierreclét"). Esta característica es afortunada debido a que el desplazarse con los bolsillos abiertos representa un terrible peligro.

Ya sea que los bolsillos contengan algo en su interior o no, la disposición física en la que suelen emplazarse los hace especialmente suceptibles a variaciones en esta condición. Me refiero a que es particularmente fácil para un tercero experimentado, tanto el introducir algo en ellos como extraer algo de los mismos. Sin embargo el mayor riesgo no es simplemente el que ambas contingencias representan por separado, el verdadero peligro está en la incertidumbre dinámica de dicha contingencia. Supongamos que llevo el bolsillo abierto y la última vez que lo comprobé estaba vacío, supongamos también que ha transcurrido una cantidad de tiempo considerable desde dicha comprobación. La mente incauta sugerirá que ante mí se presentan dos simples posibilidades al momento de volver a constatar la situación, y esto no será del todo incorrecto considerando un modelo unidimensional de variables. Sin embargo al introducir una segunda dimensión temporal, el problema toma una perspectiva completamente nueva.

Supongamos que compruebo que el bolsillo está vacío, esto presenta una nueva interrogante: si es que el bolsillo sigue vacío o si es que meramente ha vuelto a estar vacío. Supongamos que por el contrario, compruebo que al interior del bolsillo se encuentra un objeto que anteriormente no estaba, esto también presenta nuevas interrogantes: por ejemplo en qué momento dicho objeto ingresó a mi bolsillo, si es que el objeto a estado en mi bolsillo desde que ingresó a él, y si acaso el presente objeto es el único elemento que ha ingresado a mi bolsillo desde la última vez que revisé.


En palabras simples, a menos que disponga de los medios para, efectivamente, cerrar mi bolsillo, coexistiré con el malestar constante de saber que, a cada paso que doy, el gato de Schrödinger se está meando en mi bolsillo.

martes, 28 de mayo de 2013

Cómo escuchar November de Max Richter mientras se observa la lluvia

Puede ser ruido gris, la lluvia o la incerteza de la calefacción en ductos ocultos, pero se siente un murmullo agitado que augura la calma ansiosa. La fortuna me provee con un enorme tragaluz conformado por un centenar de vidrios dispuestos uno junto a otro. El primer violín enciende mi pecho y un único vidrio cercano al centro del tragaluz, en el resto de ellos parece no llover. Puedo ver con claridad, en ese único vidrio vivo, las gotas de lluvia, y mi corazón, recién incorporado, se agita de la impresión: Llueve al ritmo de esta canción. El violín apura sus pasos asegurando no caerse en medio de su tambaleo medido, un par de vidrios más se encienden, aquí y allá cae la lluvia siguiendo exactamente la pauta del implacable violín. A medida que se acomoda en la compañía del cello, incesantemente por todas partes, más y más vidrios se animan en su composición y el tragaluz completo quiere desprenderse de sus vigas metálicas y tragarse toda el agua que lo provoca con tosudez.

Por mi mejilla cae el fantasma de una lágrima, todo el espacio entre mi piel y el vidrio tembloroso es vacío, la lluvia está en el cielo y dentro de mí, y entre nosotros nada de humedad cabe con la música desatada.

Un vidrio se apaga y otro revive, me pregunto si la lluvia cae siempre tan desigual como esta canción o si entre ambas penetran mis sentidos para complementarse a favor de esta ilusión. De a poco varios vidrios moribundos se desvanecen mientras la música se agita desesperada tratando de devolverles el ánimo, hasta que es inevitable, y ambas se despiden en la oscuridad.